Estoy atendiendo los comentarios que me hicieron durante mi ausencia,

pero como son muchos (+500) les pido paciencia.

LA TEOSOFÍA Y LOS PROBLEMAS SEXUALES




Gottfried de Purucker fue el presidente de la Sociedad Teosófica de Point Loma durante doce años (de 1929 a 1942) y en 1935 escribió el siguiente artículo para una Enciclopedia sobre la sexualidad que elaboró la principal revista médica de los Estados Unidos.


Nota del editor

En 1936 se publicó la “Encyclopaedia Sexualis” bajo los auspicios de la Medical Review of Reviews, y con el subtítulo de “Diccionario Enciclopédico Exhaustivo de las Ciencias Sexuales”.

El editor responsable de dicha obra fue Víctor Robinson, doctor en medicina y profesor de historia de la medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad Temple, en Filadelfia.

Y entre los más de un centenar de distinguidos colaboradores con los que contó esa publicación, se encontraban: el Premio Nobel Thomas Hunt Morgan, F.R. Lillie, presidente de la Academia Nacional de Ciencias, y Gottfried de Purucker, líder de la internacional Theosophical Society (entonces en Point Loma y hoy en Pasadena, California).


En su carta de invitación al Dr. de Purucker, el Dr. Robinson explicaba “que aunque naturalmente se dedica una considerable atención a los aspectos médicos y biológicos, los aspectos psicológicos, filosóficos, teológicos, legales y literarios reciben igualmente una atención adecuada”.

Y nos complace compartir con nuestros lectores la contribución que hizo el Dr. Purucker.


* * * * * * *

« Las cuestiones relacionadas con el sexo y con el abuso de la función procreadora han alcanzado en el mundo moderno una preeminencia o notoriedad enteramente inmerecidas por la sencilla razón de que cualquier conocimiento filosófico sobre este tema está basado en su mayor parte (en nuestro tiempo) por la experimentación médica y en la poca información segura que proporcionan ciertas ramas del estudio psicológico.

Además considero que no sería excesivo afirmar que no hay verdaderamente un problema sexual real en lo que se refiere a la naturaleza misma y a su funcionamiento normal en relación con los seres humanos, pero que en cambio sí surgen los problemas sexuales (y estos parecen ser demasiado numerosos en nuestro mundo moderno) debido al hecho de que el mundo Occidental ya no cree en las sanciones controladoras de lo que en un tiempo fue su religión (me refiero al cristianismo).

Y como los humanos tampoco han aceptado ampliamente una filosofía de vida. Pues bien, tampoco existen factores inhibidores o controladores que sean de naturaleza filosófica.

El hombre moderno se preocupa de la función del sexo solo de forma secundaria como el acto creador para la propagación de la especie humana, y casi enteramente considera la actividad sexual como un instrumento para el disfrute sensual.

Sin embargo deben de saber que en la religión-filosofía de la Antigua Sabiduría (y que en los tiempos modernos se denomina Teosofía) la actual división de la raza humana en dos sexos se contempla, por decirlo brevemente, como solo una fase evolutiva en el constante desarrollo de la humanidad.

El ser humano no fue originalmente creado como varón y mujer, sino que era asexual (o sin sexo si se prefiere esta palabra) en el principio de la historia de la raza humana, y fue solamente durante el lento progreso en el que se desarrollaron las características humanas ahora tan familiares para nosotros, que la condición asexual se fusionó en el estado andrógino, y el cual después de millones de años, dio lugar a su vez al despliegue de los dos sexos que es lo que prevalece ahora y ha prevalecido desde hace seis o siete millones de años.

La Filosofía Esotérica enseña que se produjo un lento y gradual desarrollo evolutivo (desde dentro hacia afuera) de la raza humana desde la primera aparición de los protoplasmas humanos en este globo, como seres partenogenéticos que propagaban sus características de forma virginal.

Y luego en un tiempo geológico muy posterior, mediante la condición hermafrodita, o mejor dicho andrógina, la cual de nuevo y después de largas edades, lentamente se fusionó y finalmente dio lugar a la distinción entre el hombre y la mujer, de sexos opuestos que existe en el presente y desde hace varios millones de años en el pasado, como se declaró mas arriba.

Y una mente observadora de los asuntos botánicos y zoológicos, solo necesitará de una mirada a las diferentes criaturas de los ordenes, clases y géneros inferiores que hoy existen en la Tierra, para ver que incluso entre estas tempranas (aunque específicamente evolucionadas formas de vida) tanto la partenogénesis como el hermafroditismo están bien establecidos, incluso en el presente, como método sexual de propagación de su especie.

En el reino de los vegetales, así como en el de los animales pueden todavía encontrarse esas primigenias formas de propagación, que aun sobreviven como vestigios del pasado, y es curioso que en ambos reinos puedan ser encontrados ejemplos de los tres métodos de reproducción, siendo en cada reino el más elevado el sexual, mientras que en algún lugar más bajo de la escala sea el hermafrodita con probablemente muchos menos individuos, y finalmente el virginal o partenogenético.

(La explicación que da la Teosofía sobre este desarrollo anterior por el que han pasado los humanos en su forma de procrear lo detallo en el capítulo titulado: la historia oculta del sexo) (luego lo pondré)


En el hombre mismo sobreviven todavía vestigios o remanentes a la vez zoológicos y fisiológicos como por ejemplo: las mamas imperfectamente desarrolladas en el hombre y también el imperfectamente desarrollado útero.

Y mutatis mutandis la misma observación se aplica también a la mujer.

Demasiada poca importancia se concede a estos persistentes vestigios de órganos imperfectamente desarrollados que apuntan hacia una condición pasada de andrógina, cuando la raza humana era (a nivel de los individuos) de dos sexos, o bisexual.

Debe recordarse que el verdadero individuo humano NO es su cuerpo físico, el cual no es más que el vehículo material en el cual el hombre real trabaja, y por medio del cual se manifiesta. Y debería ser obvio para cualquier persona con raciocinio que el hombre real no es ni piernas ni brazos, ni piel ni pelo, huesos o tejidos, sino:

1)   mente,
2)   el aparato emocional delicadamente equilibrado que comúnmente se denomina naturaleza psicológica,
3)   y su elevada y ética naturaleza espiritual.

Todo lo cual, en su unión agregada, forma al verdadero ser humano.

En otras palabras, el hombre no es meramente un “robot” animado, sino un ser pensante, autoconsciente, dotado de conciencia moral y de sentimiento.

Sin embargo, de la afirmación anterior no debería deducirse y de forma equivocada que la enseñanza teosófica se basa en la dicotomía filosófica formalmente introducida en el pensamiento europeo filosófico y científico por Descartes; es decir que el “alma” es una cosa y el cuerpo en el cual se manifiesta o vive, es algo distinto y disjunto, de diferente naturaleza esencial a la conciencia que mora dentro.

Muy al contrario, la Filosofía Esotérica, la Teosofía, enseña que el cuerpo físico del hombre no es sino la expresión en el mundo material de sus característicos y fuertemente definidos poderes interiores o energías, a los que se aludía arriba como componentes del hombre real.

Es este el hombre real, el ser interior e invisible compuesto de pensamientos, sentimientos y conciencia, que evoluciona a través de las edades desarrollando desde dentro de sí mismo los poderes latentes, los atributos y las facultades que extrae de la parte espiritual de la elevada naturaleza esencial de hombre (y en la misma forma en que los rayos del sol extraen su razón de ser y sus características del corazón solar).

En otras palabras, el hombre no está separado del universo en el que vive y se mueve y tiene su ser (como el apóstol Pablo de los cristianos señalaba), sino que es parte integral e inseparable de la fuente cósmica, de la que extrae todo lo que él es.

Y a partir de este hecho filosófico primario, que tan bien concuerda hoy con las afirmaciones de los principales representantes de la ciencia más moderna, como Eddington, Jeans, Planck, Bohr, Einstein y otros (de que el “contenido” esencial o cosa fundamental en el universo es “mente” o “consciencia”) se  comienza a perfilar con claridad la razón de la afirmación hecha en el párrafo precedente  y puede verse por tanto, la esencia del hombre fundamentalmente como una conciencia en toda la extensión de su ser, tanto a la vez en aquellos “elementos” invisibles arriba aludidos, como en cuerpo material del mundo físico.


Igual que una flor en la primavera extrae de si misma y vuelca hacia el exterior las características de su vida interior (manifestándose por su tallo, sus pétalos y todo lo que físicamente percibimos de ella mientras que su raíz permanece oculta bajo la tierra). Pues bien de la misma manera el humano y todos los seres vivos desarrollan de dentro de su propia sustancia, al ser que luego se convierte en una entidad en evolución en este mundo físico (todo viene de dentro).

Por lo tanto el ser real es sutil y su cuerpo es meramente la expresión material de su ser en el plano físico.



Así es que la evolución procede desde dentro hacia fuera, siendo el hombre interior o real el que evoluciona, y su cuerpo, sin responsabilidad (y por así decirlo automáticamente) a través de edades cíclicas, expresa de forma parcial en el mundo físico las manifestaciones del desarrollo y evolución de los atributos y poderes interiores.

Así pues, hubo un tiempo en que el hombre era asexual, ya que sus características internas y parcialmente desarrolladas eran asexuales, y en su siguiente etapa evolutiva fue hermafrodita, o mejor dicho: andrógino, porque el hombre interior o real había desarrollado ese aspecto de sus atributos latentes; y en una etapa aún más tardía apareció el sexo en su dos formas actuales, siendo la expresión evolutiva, en el plano físico, de la bifurcada sicología inferior del ser humano interior o real.

Por lo tanto, el sexo, como se dijo más arriba, es una fase evolutiva transitoria, una fase en el desarrollo de las características interiores por las que pasa la raza humana en su actual desarrollo evolutivo, pero esta fase será sucedida en edades futuras por alguna otra condición difícil de precisar por el momento.

(Pero dado que los humanos se dirigen de nuevo hacia la unión, es probable que en un futuro todavía muy lejano los humanos tiendan de nuevo hacia la androginia.)


Y la consecuencia de este postulado filosófico y científico es que el sexo “per se” (y fuera de algunas opiniones que los individuos puedan mantener al respecto) es una etapa o escalón perfectamente natural, normal y podemos decir que incluso necesario en el crecimiento evolutivo de la raza humana. Por lo tanto en si mismo el sexo no tiene nada de malo, ni es el signo de una condición actual degradada del ser.

El sexo es un hecho evolutivo. En sí mismo no es nada malo o antinatural, ni fue puesto a funcionar porque los dos supuestos y distantes ancestros de la raza humana cometieran pecado por comer una manzana prohibida.

Cualquiera de los problemas relacionados con el sexo surgen no del sexo mismo, o de la función sexual en sí misma, sino únicamente de su abuso que se hace del sexo, o lo que es lo mismo, de su uso en una forma contraria al limpio y no mancillante seguimiento de este proceso de la naturaleza, cuyo único y recto propósito es la propagación de la raza humana.

Por lo tanto todos los problemas del sexo surgen del abuso de una función natural, inocente en sí misma y necesaria para la continuación de la especie humana. Y semejantes abusos surgen casi siempre de la ignorancia de la ley natural, y de esa particular y quizás peor clase de ignorancia que es la que proviene de la falta de  reflexión.

En nuestros días, las sanciones de la religión (como se afirmó anteriormente) han perdido desde hace mucho tiempo atrás su peso sobre los hombres y las mujeres en relación con esta función completamente natural y apropiada, cuando no se abusa de ella y se utiliza solamente para los propósitos para los cuales la naturaleza la destinó.

Además no hay necesidad de andarse ahora con rodeos ya que los así llamados problemas sexuales han surgido por cuenta de la enseñanza errónea y de las consecuentes deducciones equivocadas por parte de una generación anterior o dos de científicos, que estando orientados completamente hacia el lado materialista de las cosas, creía y enseñaba que el hombre era solamente su cuerpo y nada más.

Y si se le enseña al hombre que no es más que una bestia evolucionada, una especie superior de mono, y que cuando muera será el fin definitivo para él y para todo lo suyo, naturalmente el hombre se dirá a sí mismo:

¿Por qué no disfrutar de la vida mientras la tengo?

¿Por qué no usar cada una de las funciones que la naturaleza me ha dado en la forma en que sea más placentera para la emoción y la pasión?

No hay aquí inhibiciones de índole moral. No hay percepciones espirituales iluminadoras. No hay una filosofía sobre la cual un hombre de mente decente pueda apoyarse. Y el resultado es que ahora es normal en el mundo contemplar la función sexual, ya sea como algo pecaminoso, o bien del otro lado, como algo que no ha de usarse únicamente de acuerdo con la ley natural, sino como un medio de gratificación sensual.

Desde el punto de vista de la Teosofía, la función sexual es una disposición de la naturaleza para la continuación de la raza humana y en consecuencia, su único uso permisible es este y solo este.

Cualquier cosa por encima de esto es un abuso y por lo tanto sería capaz de provocar enfermedad, tanto psicológica como física, como sería el caso en cualquier otro tipo de abuso con las funciones del cuerpo.

Si un hombre bebe hasta morir, o es glotón hasta enfermar, o tiene promiscuidad hasta la imbecilidad, todos pueden ver que el infortunado practicante de esas perversiones inmorales que originalmente dispuso la naturaleza para la salud o la multiplicación, es una victima de la ignorancia o de la falta de la más normal reflexión.

Los así llamados problemas sexuales por lo tanto no surgen de una maldad innata en la raza humana, sino solamente de la ignorancia, y a causa de que las antiguas enseñanzas (tan simples y tan fáciles de entender) han sido olvidadas. Cualquier abuso sobre el cuerpo resultará en una correspondiente enfermedad degenerativa, o en el mejor de los casos, en la decadencia y senilidad prematuras.

Y podemos también afirmar claramente que el cuerpo está tan asombrosa y bellamente equilibrado que el abuso de cualquiera de sus funciones desembocará en desarmonía  de la estructura física o en una respuesta imperfecta por parte de todos los otros órganos del entramado humano.

El sexo, en el vehículo físico humano actual, sirve realmente para dos propósitos:

A)   Primero y más importante, para la continuación de la familia humana.
B)   Y segundo, para el fortalecimiento y construcción del cuerpo humano como un todo, así como de los tejidos y órganos en particular, por la retención en su interior de las vitales esencias sexuales.

Y es por eso que los así llamados problemas sexuales, que tanto afligen y acosan a los hombres y mujeres modernos, realmente se originan en la infancia, porque los padres mismos son ignorantes incluso de los hechos más simples de su propia estructura física.

Y es que hay que enseña a un niño a partir del momento en que ya sea capaz de comprender las palabras, de una forma limpia y decente, algo de la naturaleza de los órganos sexuales y de sus funciones propias-

Y también hay que enséñale que un abuso en las funciones del sexo (cualquiera que éste sea) traerá tarde o temprano consecuencias degenerativas no solo en lo que respecta a la salud general, sino también en relación con todos los órganos del cuerpo, e incluso con los órganos de naturaleza sexual.

Y así el niño aprenderá a tener respeto no solo de la función sexual, sino también de sí mismo como una unidad inteligente de la raza humana.

Sin embargo es quizás mucho esperar que en estos días de tensión nerviosa y relajación moral, la función sexual sea usada únicamente para los propósitos para los que la naturaleza la hizo evolucionar (o sea para procrear), y durante mucho tiempo la función sexual será mal empleada incluso dentro del matrimonio, para propósitos de mera gratificación sensual.

Pero llegará el día en que los hombres y las mujeres comprenderán claramente que un uso inadecuado de la función sexual (cualquiera que éste sea) entraña consecuencias y que el abuso de este uso deriva en consecuencias desastrosas, conducentes a la degeneración.

Y el  sentido común y los instintos de autoprotección y preservación, adquirirán un día una influencia creciente en estas relaciones humanas.

Al menos, podría realizarse un gran bien en el mundo y evitarse mucha miseria humana en distintos aspectos de la vida, y probablemente algunas de las más horribles enfermedades conocidas por la ciencia médica podrían ser selladas, si los seres humanos fueran capaces de captar o capturar con su imaginación los simples hechos naturales delineados o apuntados en los párrafos precedentes.

Y además, es una gran estupidez imaginar que la raza humana, obviamente individuos que forman parte integrante y son inseparables de la naturaleza misma, puedan separarse a si mismos de la naturaleza, bien sea en acto o en pensamiento; y si esta verdad primaria fuera algún día percibida, se vería que muchas enfermedades (y al menos ciertas formas de locura) son el resultado o consecuencia principalmente de la ignorancia de la necesidad de seguir las advertencias indicadoras de la naturaleza en el uso de la función sexual.

Lo que significa que el acto procreativo no se realiza solo por la unión de dos seres de sexo opuesto, ya que esto no es más que el mecanismo físico, y la concepción y el consecuente crecimiento del embrión son hasta cierto punto, dependientes de factores superiores con los cuales la ciencia moderna y todas sus ramas está sumergida actualmente en una ignorancia total.

Pero con los sorprendentes y rápidos pasos hacia delante que los descubrimientos científicos y la investigación están haciendo, es posible permitirse la esperanza de que esta oscuridad pueda pronto ser iluminada por algunos rayos de conocimiento, a partir de una mayor familiaridad con las leyes, energías y sustancias de la naturaleza, mutuamente interrelacionadas y mezcladas.

Por ejemplo hay una ley esotérica que especifica que ningún matrimonio (suponiendo que se desee lo mejor para el futuro niño en lo que a la salud se refiere) debería fecundar durante la quincena comprendida entre la luna llena y la luna nueva.

Y tampoco debería realizarse ningún acto procreativo cuando la futura madre, o no lo desea, o bien se encuentra en una condición fisiológica no receptiva; en otras palabras, debe tenerse en cuenta la función menstrual periódica.

Además y a la vista de las fuerzas creativas de la naturaleza, cíclicamente crecientes a lo largo del año, sería extremadamente sabio que todos los actos procreativos tuvieran lugar al principio de la primavera, cuando las fuerzas de la naturaleza están desarrollándose después del sueño invernal y cuando la vegetación está en rápido desarrollo y cuando toda la vida siente el nuevo y creciente impulso del flujo vital.

Esto era tan bien sabido en los tiempos antiguos, que el mes correspondiente a finales de enero y principios de febrero entre los griegos del Atica era llamado Gameliano, de la palabra griega “gameo” que significa casarse, y Gamelion era el mes de moda para los matrimonios.


Conclusión

Resumiendo: el remedio para todos los  problemas denominados sexuales es, como se ha dicho anteriormente, la instrucción, comenzando por los niños pequeños, sobre la naturaleza del sexo y de sus funciones, y en el uso apropiado de ello, en contraste con el abuso y las penalidades consecuentes  que inevitablemente sucederán a toda violación de las leyes de la naturaleza.

Y por supuesto, el único “problema sexual” original que este escritor reconoce es el constituido por el curioso compuesto de ignorancia humana de las leyes naturales y el consecuente abuso que de ello deriva.

Aquí entonces está el verdadero problema y el único real que ve este escritor, porque es la causa fundamental de toda la miseria social, de las condiciones inmorales, y de la indiferencia común y sin corazón, ante el penoso espectáculo que nos proporcionan los superpoblados asilos para dementes y los sobrecargados hospitales.

El problema es (como se dijo anteriormente): la ignorancia y la estupidez.

Corríjanse estos mediante una instrucción apropiada sobre los simples hechos del cuerpo humano y las penalidades que trae el abuso de la ley natural y el 99% de los llamados “problemas sexuales” desaparecerán en breve.

Y queda un “problema” relativamente menor con el que cada individuo deberá tratar: el ya nombrado de la mutua o social permisividad en detrimento de la salud, realizado bajo el voto del matrimonio. Pero incluso esta última perversión de una de las funciones importantes e inocentes de la naturaleza desaparecerá cuando se incremente la conciencia sobre los daños que provienen de su abuso. »

(Revista Sunrise de agosto-septiembre de 1987)
Texto original en: www.theosociety.org/pasadena/sunrise/36-86-7/issgdpsx.htm





OBSERVACIÓN

En lo personal estoy de acuerdo en lo grande y general con lo que dijo G. de Purucker, excepto cuando asegura de que el sexo solo debe de utilizarse para procrear y que todo otro uso es dañino y perjudicial.

Y la razón por la que pienso que esa aseveración que dio es incorrecta es porque la investigación y práctica que he efectuado sobre el manejo de la energía sexual, me ha llevado a considerar que eso que afirmó Purucker no es cierto.






ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL ARTÍCULO
"TEOSOFÍA Y PROBLEMAS SEXUALES"

Y para ilustrar más este tema, a continuación les traduzco el artículo que escribió Grace F. Knoche al respecto.

Grace F. Knoche fue la asistente editorial de la revista “Sunrice” (que fue la revista oficial de la Sociedad Teosófica de Pasadena) y ella publicó posteriormente un artículo en esa misma revista donde expuso sus reflexiones sobre las reacciones que tuvieron sus lectores al artículo de G. de Purucker.

« Hace un año atrás, Sunrise reimprimió un artículo titulado "Theosophy and Sex Problems" escrito por G. de Purucker en 1935 para la Encylopaedia Sexualis por invitación de su editor Victor Robinson, MD.

Y debido a que algunos de los puntos de vista de G. de Purucker son contrarios a las costumbres sexuales actuales, el artículo provocó una respuesta por parte de los lectores más grande de lo habitual, al grado que varios de ellos se opusieron a la declaración que hizo G. de Purucker de que el uso apropiado de la función sexual es únicamente para la perpetuación de la especie y que cualquier otro uso es debilitante y contrario a la ley natural.

Un suscriptor preguntó:

« ¿Por qué la revista Sunrise publicó este artículo, y solo en este momento?  ¿Fue por el peligro del SIDA?  ¿No se encuentran otras formas más realistas y espirituales para curar o al menos mitigar estas amenazas sobre la vida humana?  ¿Y el sexo no pertenece a la humanidad en nuestra etapa actual de evolución?  ¿Cómo es que el autor nunca usó la palabra "amor" en este artículo e ignora el valor de la atracción entre un hombre y una mujer que se quieren mucho? »

Muy pocos se opusieron a la "manera autoritaria y casi dogmática en la que los principios que pueden ser básicamente correctos se pronuncian sin reserva ni calificación".

Otros consideraron que el enfoque "no practicarás el sexo por divertimiento" no era satisfactorio porque no se dieron sugerencias sobre cómo manejar el problema del sexo, y especialmente durante los años más jóvenes cuando los impulsos hormonales son muy fuertes.

Por ejemplo un lector escribió lo siguiente:

« No cuestiono la buena voluntad de G. de Purucker, pero si deploro que no haya indagado más al respecto, ya que nuestra necesidad es obtener más información sobre cómo llegar a ese objetivo. Todos estamos luchando con la cuestión de cómo vivir en consonancia con los principios teosóficos y la mayoría de los escritos teosóficos ofrecen el aliento compasivo que aunque no alcancemos nuestros ideales, al menos tendremos el mérito de intentarlos, pero aquí me sentí desanimado después de leer este artículo. »


Lamentablemente, hay mucho más sobre este tema que el acto mismo, ya que la gente se pregunta también si debe llevar ropa provocativa, usar perfume, caminar de la mano, abrazarse, besarse, etc.

¿Por qué, por ejemplo, el orgasmo se siente como lo que los espirituales describen como una experiencia mística?

Existe una gran corriente de búsqueda de culminación y devoción hacia un ideal que combina el sexo, la religión y el misticismo.

¿Por qué?

¿Por qué debería ser el asunto tan confuso?

Y por favor, comprenda que no estoy en desacuerdo con la idea de que el rol ideal del sexo es solo para la procreación. Las preguntas surgen después de aceptar ese ideal; las preguntas tienen que ver con ubicar el camino hacia ese ideal.

Otro lector escribió:

« Si la comunión sexual se entiende solo como un medio de reproducción, entonces qué error tan enorme estamos cometiendo con el uso de anticonceptivos.  ¿Y qué hay de esas entidades que encuentran su regreso a la tierra bloqueado por un anticonceptivo?

Y luego están las muchas relaciones homosexuales y entre ellos debe haber muchos buscadores serios. ¿No está arreglada la naturaleza de una manera extraña si las personas, en la ignorancia o la ceguera, cometen errores y luego son castigadas con enfermedades degenerativas e incluso con la locura como lo afirma Purucker?

¿Por qué esto es así?

¿Y cómo es que prácticamente todo el mundo hoy en día usa mal la facultad sexual cuando los hombres y las mujeres generalmente sienten lo que es correcto y lo que no está bien?  En otras palabras, ¿cómo puede el acto sexual estar en armonía con la naturaleza cuando se usa para la procreación, pero en contra de la naturaleza cuando se usa de otra manera? »

Y recientemente un corresponsal escribió lo siguiente:

« Su carta con su explicación larga y clara sin duda hace que todo sea mucho más comprensible. Por supuesto G. de Purucker hizo lo correcto al escribir esto para la Enciclopedia médica, pero para los lectores de Sunrise la continencia parece un ideal lejano y podría hacerles pensar que han abusado de una acción que hasta ahora consideraban una expresión de amor más profundo. »


Antes de comentar estas reflexivas observaciones, es importante precisar que la Sociedad Teosófica no tiene ningún credo y ningún dogma o sistema de creencias al que se le requiera adherirse. Las verdades filosóficas y los ideales morales de la Teosofía están abiertos a que todos los examinen por sí mismos y acepten, rechacen o dejen de lado, en todo o en parte, según el sensor de la verdad individual.

Como dejó claro H.P. Blavatsky desde el principio, la idea fundamental del esfuerzo teosófico moderno es inspirar una "investigación libre y valiente" de todas las ramas del pensamiento. (Revista The Theosophist [1:1] de octubre de 1879, Bombay, India, p.6)  Y por lo tanto se espera que cada uno de nosotros haga su propio pensamiento e intente vivir de acuerdo con nuestras mejores luces.

¿Por qué entonces reimprimió la revista Sunrise este artículo?

Principalmente para dar a nuestros lectores una visión expandida de nosotros mismos como seres en evolución, encarnando una y otra vez en la Tierra en un proceso de aprendizaje, no para satisfacer todos nuestros caprichos (y me refiero a todo nuestro enfoque de la vida y no solamente del sexo).

Y es que en la actualidad, incluso el anuncio más simple de pasta de dientes está diseñado para satisfacer los instintos egoístas y adquisitivos, mientras que la industria del entretenimiento se beneficia glorificando los peores elementos de la naturaleza humana, y rara vez hay algo creado que dignifique el poder del amor, el coraje y el sacrificio para ennoblecer la vida.

Además al releer el artículo de G. de Purucker aparecen ciertas impresiones:

1. Primero que el propósito principal del Dr. de Purucker era delinear la amplia imagen evolutiva de quiénes somos (la cual es mucho más noble y mayor de lo que soñamos) y solo una pequeña parte de nosotros es física.

Y al rastrear la historia evolutiva de la humanidad, la cual era inicialmente asexual, luego andrógina, y ahora de dos sexos, colocaba la facultad sexual dentro de este marco de referencia más amplio.

Al elevar el pensamiento del lector por encima de lo ordinario, G. de Purucker estaba enfatizando la verdad casi olvidada de que no somos solamente nuestro cuerpo sino que ante todo somos seres divinos en evolución, con una vasta experiencia de muchas vidas en la tierra, y que la división actual de los sexos no es más que una fase evolutiva temporal que un día excederemos, un aspecto menor y no mayor de nuestra totalidad.

2. En segundo lugar, G. de Purucker se estaba dirigiendo a una audiencia selecta de profesionales: médicos, psicólogos, antropólogos y demás, y esto explicaría su enfoque psicológico más bien clínico. Y en este contexto, no hubo un llamado para que discurra sobre el amor y lo sagrado del matrimonio.

3. Y por ultimo, filosóficamente tuvo una visión para compartir como lo testifican todas sus conferencias y escritos. Y debido a esto, es posible que haya pintado una imagen más grande que la del tamaño real. Y por supuesto, era consciente de que algunas de sus declaraciones serían inaceptables y poco realistas para la mayoría de la gente de hoy en día.

¿Pero cuándo ha impedido esto que un reformador se atreva a ir en contra de la práctica establecida?

En sus obras publicadas hay frecuentes referencias a la vida del aspirante que busca hollar el " pequeño e inamovible camino" que lleva a la unión mística con lo divino y al sacrifico del discípulo cuando debe unirse con su naturaleza superior y cuando llega ese momento en que debe renunciar a la vida personal, e incluido al matrimonio y al sexo.

La mayoría de nosotros claramente no hemos llegado todavía a esa bifurcación en el camino evolutivo. Sin embargo es indudable que hay muchas personas dentro y fuera de las religiones aceptadas, que sinceramente están tratando de canalizar sus energías hacia formas superiores de expresión creativa.

¿Y dónde está el puente entre el punto de vista ordinario sobre el sexo y el ideal que mencionó G. de Purucker?

Hemos olvidado que cada código ético proporciona los escalones que conducen al voto supremo del Bodhisattva (los Christos) y que es:

"Vivir para beneficiar a la humanidad."

Y esos pasos están conmemorados en el Sermón de la Montaña atribuido a Jesucristo, tambiepn se encuentran en las paramitas o virtudes trascendentales de Buda, y en los mandatos de Krishna a Arjuna.

Estas premisas (aunque difíciles) son alcanzables y por lo tanto las reglas de conducta son eminentemente pertinentes para todos nosotros. Y no se trata solo de alcanzar la meta, ya que eso no es lo único que cuenta, sino que el ajuste del corazón en el ideal más noble y el hecho de estar a la altura en la medida de lo humanamente posible, ese es el verdadero triunfo.

La civilización de hoy está orgullosa de su progreso, de haber avanzado más allá de los códigos éticos de épocas anteriores. ¿Pero estamos tan seguros de nuestro destino? ¿A donde nos dirigimos?

Se escuchan voces desafiantes en todo el mundo que piden una revolución de pensamiento y actitud, una nueva forma de abordar los males básicos de la humanidad. Y comienzan abiertamente a declarar que los graves problemas sociales del día nunca se resolverán trabajando solo en los efectos.

Debemos por lo tanto erradicar las causas de la miseria y enfermedad humanas porque todos los males del cuerpo y la mente se siembran en la mente y la psique, y cualquier distorsión o desequilibrio inevitablemente tendrá efectos debilitantes y en ocasiones desastrosos en el cuerpo del hombre y en nuestro planeta.

El SIDA, por ejemplo, es solo una de muchas de esas enfermedades que afligen a la humanidad actualmente, y todavía no ha llegado a su punto máximo y las predicciones son aleccionadoras.

Todos estamos involucrados ya que todos somos una HUMANIDAD.

¿Puede alguno de nosotros decir honestamente que no hemos contribuido a la confusión general del alma y de los ideales que caracteriza nuestros tiempos?

No podemos separarnos de la gran necesidad humana y del dolor y la tristeza que pesan en las vidas de millones. Su anhelo tácito, de amor y comprensión para hacer frente a sus circunstancias a menudo trágicas, es nuestro anhelo.

Pero si ignoramos las leyes de la naturaleza, ¿por qué deberíamos sufrir enfermedades u otros efectos adversos?  ¿Dónde está la justicia?  ¿No podemos preguntar también por qué se quema a un bebé cuando pone su mano en una estufa caliente?

Las leyes de la naturaleza actúan impersonalmente, independientemente de la ignorancia humana y también actúan sobre animales y sobre átomos y moléculas. Y no hay nada intrínsecamente cruel o injusto en esto.

En realidad, bien puede ser la forma más compasiva de la naturaleza de enseñar a sus hijos lo que significa trabajar con y no contra sus leyes.

¿Con qué frecuencia sufrimos una reacción dolorosa cuando actuamos en contra de lo que intuitivamente sabemos que es lo mejor para nosotros?

Cuando finalmente nos cansamos de ser lastimados o frustrados, cambiamos nuestros caminos, por lo que podemos concebir el dolor físico como un regalo del cielo, porque si no experimentáramos dolor cuando algo está mal con nosotros, entonces no haríamos nada para corregir el problema.

Por lo tanto el uso incorrecto o el uso excesivo de cualquier facultad está obligado a dar lugar a algún tipo de desequilibrio, y a menos que podamos cosechar las consecuencias de nuestros pensamientos y sentimientos, tanto constructivos como destructivos, nos podría llevar mucho más tiempo evolucionar.

Los ideales teosóficos tienen una relación directa con los problemas y las prácticas de hoy, y nuestro desafío es descubrir su relevancia y aplicabilidad a nuestras vidas individuales.

Tomemos el caso de los anticonceptivos: los problemas que surgen de la superpoblación se vuelven cada vez más severos, pero desde el punto de vista de largo alcance no podemos evitar preguntarnos qué tipo de karma estamos construyendo para el futuro mediante nuestra forma informal de atraer almas que regresan y luego prevenir su encarnación.

(Seguramente un fuerte tirón magnético se energiza antes de que ocurra la concepción física real).

Y desde el punto de vista de corto alcance, sin embargo, algún tipo de programa preventivo parece ser la única solución práctica y humanitaria, tanto para los posibles padres como para los niños que buscan nacer.

Cuando un alma o ego entrante se frustra en su intento de nacer, puede que tenga que intentarlo más de una vez antes de encontrar una familia donde pueda continuar desarrollando su potencial.

Y no podemos decir que su camino sea “bueno” o “malo”, sea cual sea el entorno o las circunstancias de cualquier vida, atraerá a sí mismo las experiencias que necesita, de acuerdo con su karma acumulado del pasado.


Volviendo al tema de la homosexualidad: aparentemente, en lo que respecta a la historia, siempre ha habido personas en todas las razas y épocas que han seguido esta línea de actividad sexual.

Este es un tema difícil ya que no tenemos derecho a emitir juicios de valor sobre individuos, heterosexuales u homosexuales, que están atrapados en patrones de conducta que desvían la energía sexual en avenidas no naturales. Y por otro lado estamos obligados a considerar si un acto o evento está de acuerdo con la naturaleza y para el beneficio del mayor número.

La única protección real para cualquiera de nosotros en contra de ser esclavizados por nuestro cuerpo y nuestra naturaleza psico-mental y emocional es protegernos contra la indulgencia de cualquier facultad o apetito.

Al olvidarnos de nosotros mismos y al canalizar nuestras energías en campos orientados al servicio, construimos hábitos constructivos de pensamiento y emoción que mantienen a la naturaleza en buena salud y en equilibrio.

El hecho es que sabemos muy poco sobre la sexualidad, cómo se manifestará en las edades futuras. G. de Purucker apunta a la enseñanza teosófica de que así como el ser humano era andrógino (tanto hombres como mujeres que funcionan en una forma) antes de la separación de los sexos, así llegará el momento en millones de años cuando la humanidad vuelva a ser andrógina de nuevo, capaz de producir descendencia por el poder del pensamiento y la voluntad.

Y hay que precisar que tales cambios no se efectúan instantáneamente sino durante larguísimos períodos de tiempo y con muchas etapas de transición.

Y en un tiempo todavía más lejano tendremos cuerpos de luz, en lugar de materia física.

El punto es que a medida que evolucionamos intelectual, espiritual y éticamente, el aspecto sexual de nuestras vidas adquiere cada vez menos importancia.

Se necesita mucho más conocimiento y comprensión con respecto al papel y el destino del ser humano en su conjunto, y sobre todo necesitamos una filosofía de vida creíble que alimente tanto el corazón como la mente.

Una filosofía de proporción cósmica que nos ayude a vernos a nosotros mismos como elementos vitales en un todo orgánico, participantes autoconscientes en una empresa divina que abarca muchos ciclos mundiales.

Y una visión así nos eleva por encima de la prohibitiva "maldición" del "pecado original" y la igualmente insostenible visión mecanicista que reduciría el fuego de la espiritualidad a una mancha de protoplasma, ya que ninguno de estos aspectos proporciona una perspectiva satisfactoria sobre los problemas humanos, y mucho menos sobre el misterio del sexo.

En la Doctrina Secreta, Blavatsky se desliza en esta gema:

« La separación de los sexos estaba en el programa de la Naturaleza y de la evolución natural; y la facultad creativa en hombres y mujeres fue un regalo de la Sabiduría Divina. »
(DS II, p.217)


¿Alguien podría decirlo de manera más sucinta?

Tenemos que preguntarnos: ¿Qué hemos hecho y qué estamos haciendo hoy con esta facultad creativa, este "regalo de la Sabiduría Divina"?

(Y en el mismo volumen hay un pasaje magistral en la sección titulada "La 'Maldición' desde un Punto de Vista Filosófico" página 410 y siguientes.)

La creatividad no se limita a lo físico y astral, sino que es la fuente de nuestra más grandes inspiraciones. Cada momento en el tiempo el milagro de la creación está siendo representado en el espacio, el ritmo primordial instando a los soles, planetas y almas humanas a salir una y otra vez de lo sutil a lo manifestado.

En su contribución a la Enciclopedia Sexualis, G. de Purucker estaba arrojando a la conciencia de mentes entrenadas, ideas que eventualmente germinarán.

Sin embargo, cada persona cuya voz se escuche por encima de la multitud corre el riesgo de tener seguidores entusiastas que enfatizan demasiado uno u otro aspecto de su mensaje, y esto ocurrió con el hermoso ideal que G. de Purucker expuso mucho en sus reuniones con los estudiantes.

Pero si este tema sagrado es malentendido y mal aplicado, puede tener consecuencias desafortunadas, y así por ejemplo ciertas naturalezas despedidas con el ideal comienzan a imaginar que ya están listas para el discipulado cuando apenas han dado los primeros pasos en el autodominio.

Y a menudo van a extremos de ascetismo, y a menos que alguien venga a su rescate y las despierten de sus fantasías, pueden como Ícaro en su vuelo hacia al sol, terminar con una caída estrepitosa.

Por lo tanto mantengamos nuestros ideales que debemos, pero si aspiramos al sol, nuestras alas deben crecer por sí mismas y no ceñirse a la cera.

Afortunadamente el descubrimiento de que somos humanos después de todo nos ayudará a reconocer que vivir una vida normal y natural puede hacer más para la humanidad (y también para nuestro propio progreso y el de los demás) que tratar de escalar demasiado rápido el sendero hacia lo divino y totalmente desprevenidos, ya que los rigores de la aspiración sostenida deben de ser fortalecidos por una disciplina interna durante muchas vidas.

La visión evolutiva dinámica de G. de Purucker representa convicciones extraídas de años de reflexión sobre las enseñanzas de sabiduría de HP Blavatsky y las filosofías y el saber de muchos pueblos.

No obstante, se espera que probemos todas las cosas por nosotros mismos y no simplemente limpiemos sin pensar cada palabra escrita o dicha, porque de no hacerlo así, entonces eso negaría la plataforma misma de la investigación espiritual libre e independiente que Blavatsky trabajó tan valientemente para defender.

Y habiendo dicho todo esto,

¿Dónde estamos parados hoy?

Estamos tocando el impulso básico del hombre y la mujer de unirse como uno en comunión de amor. E idealmente, como se ha establecido, esto debería ocurrir solo cuando se desean tener niños. Pero como no vivimos en un mundo ideal, es de esperar que la mayoría de la gente elija una vida sexual activa.

Nos tomó siglos para podernos liberar de la culpa con respecto al sexo, y que los teósofos digan que el contacto sexual debe limitarse para fines de procreación parece querer resucitar el dogma del "pecado original".

Pero ese nunca fue la intención de G. de Purucker, ya que el propósito de su vida fue alentarnos a abandonar nuestros miedos y aspirar a vivir una vida más espiritual. Y para lograr esto primero debemos cambiar la dirección de nuestro pensamiento, y del interés propio hacia la preocupación genuina por los demás.

¿Estamos implicando entonces que si la continencia fuera observada universalmente, los males de la humanidad desaparecerían?

No necesariamente, pero así como vivimos en un mundo donde el agua, el aire y la comida se contaminan cada vez más, debido en gran parte a la ignorancia y la codicia humana, así también estamos viviendo en una era en la que nuestras costumbres sexuales están claramente desequilibradas.

El artículo de G. de Purucker nos hace pensar y cuestionar nuestras propias actitudes sobre cada aspecto de nuestras vidas. Y para él, el matrimonio era un compromiso sagrado como lo era la responsabilidad de la paternidad.

Y es por eso que en su libro “Estudios de la Filosofía Oculta” él escribió:

    -  "Todo podría ser tan hermoso y santo, y así debería ser." (p.109)


Pero tampoco los deberes maritales son un obstáculo para la espiritualidad, sino que por el contrario, el matrimonio y la crianza de los hijos son probablemente una de las mejores escuelas de adiestramiento, ya que:

¿Hay mayor demanda de paciencia, auto sacrificio, disciplina y sobre todo, amor al lidiar con la niñez y la adolescencia de los hijos?

Así que tomemos una visión equilibrada sobre el sexo (y todos los demás asuntos) y recordemos que el motivo es todo, y que lo que hace que la vida sea rutinaria o luminosa, somos nosotros. »

(Revista Sunrise de agosto-septiembre de 1988)
Texto original en: www.theosociety.org/pasadena/sunrise/37-87-8/sx-gfk.htm