Estoy atendiendo los comentarios que me hicieron durante mi ausencia,

pero como son muchos (+500) les pido paciencia.

PARTICULARIDADES EN LA EVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES



(Observación: esta es la sexta parte de la investigación de David Pratt sobre la evolución de las especies y cuyo principio lo pueden leer aquí, y le agradezco inmensamente a Nicolás por haber traducido un artículo tan extenso, pero a la vez tan interesante de leer.)


   ÍNDICE

   1.  La teoría del equilibrio puntuado
   2.  La teoría de la saltación
   3.  Los genes reguladores salen al rescate
   4.  La teoría de la simbiosis
   5.  La teoría de la complejidad auto organizada
   6.  La teoría de los campos mórficos





1 - LA TEORÍA DEL EQUILIBRIO PUNTUADO


La teoría del equilibrio puntuado fue propuesta a comienzos de los años 70 por los paleontólogos Stephen Jay Gould y Niles Eldredge, a quienes pronto se les unió Stephen Stanley.

Ellos postulan que en vez de experimentar cambio evolutivo continuo, las especies permanecen en un estadio de equilibrio inalterado durante gran parte de su existencia, pero estos largos periodos de estabilidad o estasis están puntuados ocasionalmente por breves estallidos de evolución rápida en los que emergen nuevas especies, y tan rápidamente hablando en tiempo geológico (pocas decenas o miles de años) que en el registro fósil no se preserva ninguna secuencia gradual de formas intermedias.

La teoría evolutiva estándar reconoce que una nueva especie puede separarse muy rápidamente de otra existente, pero sólo en circunstancias especiales (en un proceso conocido como "especiación de cantidad"). Mientras que el equilibrio puntuado considera la especiación acelerada más como una regla que la excepción.

Muchos evolucionistas se oponen con firmeza a esta teoría y continúan atribuyendo la falta de fósiles transicionales a la “imperfección” del registro disponible, e igualmente han habido acalorados y a veces desagradables debates entre gradualistas y puntuacionistas, al punto que los primeros llaman al puntuacionismo "la evolución de los estúpidos", mientras que los segundos bautizan a sus rivales como "la evolución de los rastreros".

Los puntuacionistas sostienen que los eventos de especiación rápida ocurren en pequeñas poblaciones que se han aislado geográficamente, y esto tiene la ventaja de que es más fácil que los rasgos genéticos se fijen en una población cuanto más pequeña sea. Sin embargo, y al mismo tiempo, la deriva genética accidental es mayor en los grupos reducidos, haciendo más improbable la acumulación de mutaciones favorables.

La teoría también afirma que la especiación ocurre tan velozmente que no hay tiempo para que las mutaciones no adaptativas sean eliminadas por selección natural, y en lugar de haber selección de organismos individuales, las nuevas especies sobreviven o perecen dependiendo de su grado de adaptación al medioambiente en el que se encuentran, pero los críticos afirman que la selección de especies (o alopátrica) no puede explicar el grado de adaptación observado en el registro rocoso.

El puntuacionismo originalmente fue presentado como teoría alternativa radical al gradualismo neodarwinista, del cual Gould declaró estar "efectivamente muerto a pesar de su persistencia en la ortodoxia libresca".

Y aunque desde comienzos de los años 80 y enfrentando la crítica, los puntuacionistas comenzaron a moderar sus postulados. Gould (fallecido en 2002) eventualmente admitió que los nuevos rasgos anatómicos son producidos por el mecanismo neodarwinista estándar, es decir, selección natural que actúa sobre mutaciones accidentales durante largos periodos en poblaciones grandes y relativamente estables.

Esto significaba que la teoría no podía seguir explicando la aparición abrupta de formas animales, tales como la radiación explosiva de nuevas formas corporales en el Cámbrico.

Mientras que los puntuacionistas subrayaban algunas de las falencias del neodarwinismo, finalmente no lograron una interpretación alternativa satisfactoria para el origen de la forma biológica y la novedad (1).

Por lo que los paleontólogos James Valentine y Douglas Erwin concluyeron en 1987 que ni el gradualismo filético ni el equilibrio puntuado daban cuenta del origen de nuevas formas corporales (2).

La hipótesis de que una especie puede evolucionar rápidamente en otra nueva como resultado de mutaciones genéticas únicamente accidentales es rebuscada, ya que los genes no aclaran el mecanismo de la morfogénesis, y además el esquema puntuacionista no ofrece solución para el problema realmente serio de la ausencia de formas transicionales entre las categorías superiores de organismos: familias, órdenes, clases y filos.

Sobre este asunto Michael Denton escribe:

« Las brechas que separan especies como perro-zorro, rata-ratón, etc., son muy triviales comparadas con aquéllas entre un mamífero terrestre primitivo y una ballena, o un reptil terrestre primitivo y un ictiosaurio; e incluso estas discontinuidades relativamente grandes son menores al lado de las que separan a los principales filos como moluscos y artrópodos.

Por consiguiente, a menos que creamos en milagros, tales intermitencias simplemente no podrían haberse mezclado en periodos geológicamente cortos mediante una o dos especies transicionales que ocupaban áreas geográficas restringidas.

Lo más seguro es que tales gradaciones implicaron largos linajes que incluían muchas líneas colaterales de cientos o probablemente miles de especies transicionales.

Es rayar en lo increíble sugerir que los cientos, miles o incluso millones de especies transicionales (que se hallaban en el intervalo entre tipos vastamente disímiles) fueron todos “ejemplares fracasados” que vivían en áreas aisladas y tenían números de población muy pequeños. » (3)


Referencias
  1. Walter J. ReMine, The Biotic Message: Evolution versus message theory, Saint Paul, MN: St. Paul Science, 1993, págs. 328-31; Stephen C. Meyer, Darwin’s Doubt: The explosive origin of animal life and the case for intelligent design, New York: HarperOne, 2013, págs. 138-51.
  2. Darwin’s Doubt, pág. 151.
  3. Michael Denton, Evolution: A theory in crisis, Bethesda, MA: Adler & Adler, 1986, págs. 193-4.






2 - LA TEORÍA DE LA SALTACIÓN


Varios biólogos influyentes han considerado que las mutaciones a gran escala (o macromutaciones) constituyen la manera más probable en que hayan aparecido nuevos tipos de organismos. Y una teoría saltacionista de la evolución fue propuesta en los años 30 por el paleontólogo Otto Schindewolf, quien incluso especuló que antaño algún reptil puso un huevo del que salió un pájaro.

En los años 40, el genetista Richard Goldschmidt desarrolló más su hipótesis, sugiriendo que las macromutaciones dieron origen a “monstruos”, muchos de de los cuales fueron inviables y por ende extintos, pero ocasionalmente se manifestaba un “monstruo esperanzador” que estaba preadaptado para un nuevo nicho medioambiental y por consiguiente se convertiría en una nueva especie exitosa. Y así tales eventos explicaban la razón de los principales vacíos en el registro fósil, pero Goldschmidt terminó siendo excomulgado de la comunidad darwinista y considerado un lunático por el resto de su vida.

Los críticos objetaron que cuando se producen mayores cambios mutacionales en el laboratorio, involucran errores en el desarrollo o ubicación de partes viejas (por ejemplo, una pata que salga de la cabeza de una mosca de la fruta) y nunca la aparición de un nuevo órgano.

Ernst Mayr describió a estos monstruos generados por mutación como "sin esperanza", y Theodosius Dobzhansky afirmaba que la idea de que una mutación drástica generaría un nuevo tipo viable era equivalente a "creer en milagros".

Nunca se han observado macromutaciones que conduzcan a resultados positivos o al surgimiento de una especie nueva y viable, e incluso si surgiera un animal mucho más mejorado no encontraría pareja, a menos que ocurrieran macromutaciones simultáneas y semejantes en un macho y en una hembra, lo cual no sólo duplica la improbabilidad sino que la cuadruplica. Y de haber ocurrido eventos saltacionales, es insostenible suponer que fueron sólo por accidente.

Gould defendió el postulado de Goldschmidt de que las principales transiciones estructurales pueden ocurrir de forma rápida y supuestamente al azar, sin una serie gradual de fases intermedias, y es por ello que él expresó:

« Todos los paleontólogos saben que el registro fósil contiene muy poco material respecto de las formas intermedias, ya que las transiciones entre grupos mayores son característicamente abruptas. Pero aunque no tengamos evidencia directa de dichas gradaciones,

¿Podríamos entonces inventar una secuencia razonable de formas intermedias, o sea de organismo viables y funcionales entre ancestros y descendientes en transformaciones estructurales mayores?

¿De qué sirven las etapas incipientes e imperfectas de estructuras útiles?

¿Qué utilidad tienen la mitad de una mandíbula o de un ala?
»

La respuesta convencional a este problema, decía Gould, es que las etapas iníciales en el desarrollo de un nuevo órgano ejecutaron una función diferente de aquélla que concretaron más tarde:

« La mitad de esa mandíbula funcionaba perfectamente bien como una serie de huesos basales de branquias, y la mitad de esa ala pudo haber atrapado presas o controlado la temperatura del cuerpo. »

Pero Gould sospechaba que esta aproximación en muchos casos no salvaría al gradualismo. (1)



Los darwinistas especulan que las plumas originalmente evolucionaron para el aislamiento de calor, aunque el pelo habría evolucionado de forma mucho más simple y realizado su función efectivamente, y también afirman que las alas primitivas de las protoaves pueden haber sido empleadas para capturar insectos antes que llegaran a ser aptas para el vuelo (2).


Referencias
  1. Stephen Jay Gould, The Panda’s Thumb, London: Penguin Books, 1990, pág. 157.
  2. Michael Denton, Evolution: A theory in crisis, Bethesda, MA: Adler & Adler, 1986, pág. 209.






3 - LOS GENES REGULADORES SALEN AL RESCATE


Al igual que Goldschmidt, Gould creía que muchos grandes cambios evolutivos son provocados por pequeñas alteraciones en las tasas de desarrollo, y es por eso que escribió lo siguiente:

« El problema de reconciliar la evidente discontinuidad en la macroevolución con el darwinismo está sobradamente solucionado por la observación de que se acumulan pequeños cambios iniciales en la embriología durante el crecimiento para producir profundas diferencias entre los adultos.

Y es que si no consideramos el cambio discontinuo por pequeñas alteraciones en las tasas de desarrollo, no comprendo entonces cómo puedan llevarse a cabo muchas de las transiciones evolutivas mayores, porque pocos sistemas son más resistentes al cambio básico que los grupos de animales “superiores” fuertemente diferenciados y especiados.

¿Cómo podríamos convertir alguna vez un rinoceronte adulto o un mosquito en algo radicalmente distinto?
» (1)

Gould pensaba que la neotenia (que es la permanencia de rasgos juveniles de una especie ancestral en la forma de un descendiente adulto por desaceleración en la tasa de maduración física) "provee uno de los pocos mecanismos para el cambio evolutivo rápido y profundo en una modalidad darwinista sin el espectro de la macromutación. Debido a que un descendiente con una mezcla de caracteres ancestrales juveniles y adultos (...) puede ingresar de inmediato en una nueva zona adaptativa, y aún así la entrada genética sólo necesitaría de algunos cambios en los genes reguladores" (2).

También Jeffrey Schwartz recurre a cambios en los genes reguladores y sus actividades (como los genes homeobox) y considera que son la clave para la aparición súbita de nuevos diseños morfológicos y especies. Schwartz declara que el concepto de las macromutaciones puede ser desechado, puesto que las micromutaciones en los genes reguladores pueden tener efectos macroevolutivos mayores y escribe:

-       "Ciertamente, la expresión del gen homeobox en posiciones o combinaciones nuevas en diferentes periodos produce cambios significativos" (3)

Pero Schwartz se adhiere a la creencia central darwinista, de que sólo la suerte determina cuáles genes reguladores son activados o desactivados y el lugar o el momento en que esto ocurre.

Cada individuo posee dos copias de cada gen, pudiendo ser los mismos o diferentes, y si son distintos, una copia será dominante y la otra recesiva o inexpresada. Usualmente, las mutaciones genéticas no letales son recesivas en un comienzo y Schwartz argumenta que en algún punto, luego de que han sido heredados por muchos miembros de la especie y "por un mecanismo que permanece incierto", los homeobox activan los genes mutados recesivos y desactivan otros, llevando a la abrupta aparición de un nuevo órgano o quizás una nueva especie (4).

 Y también los homeobox en sí experimentan mutaciones azarosas haciendo que se “enciendan” y “apaguen”, o pueden duplicarlos o alterarlos levemente.

Sin embargo Schwartz admite que muchos de estos cambios azarosos no llevarían a ninguna parte y afirma que "probablamente la evolución de la vida está sembrada por cadáveres de muchas especies fallidas" (5).

El detalle es que no existe evidencia de que hayan habido tales fallas y hay muchos reparos para que aceptemos la idea de que todos estos supuestos eventos accidentales de alguna manera podrían producir una pluma, un ojo, un riñón o un sistema de ecolocalización. Y menos aún de que estos supuestos eventos accidentales hayan generado un animal o una planta completamente nuevos.

Y esto debido porque cien años de experimentos de mutagénesis muestran que las alteraciones del desarrollo inicial del plan corporal resultan invariablemente en la producción de animales anormales o muertos, y esto resulta porque cada homeobox coordina la expresión de varios otros genes.

E inclusive, como se puntualizó antes, los genes reguladores no dan cuenta de la morfogénesis más que los genes estructurales. Y es cierto que el orden y la localización en la que determinados genes Hox son “prendidos” o “apagados” se correlacionan con el desarrollo de estructuras particulares. Pero nadie ha demostrado alguna vez que los genes reguladores u otros lleven instrucciones que determinan la forma de los órganos y organismos en crecimiento.

Y los cambios durante el desarrollo embrionario podrían ciertamente producir efectos de gran alcance, pero necesitarían desplegarse en una manera planeada y con propósito. Ahora bien, según la tradición teosófica, tales transformaciones reflejan cambios previos en el cuerpo astral que provee el plan para el desarrollo físico embrionario y posnatal.


Referencias
  1. Stephen Jay Gould, The Panda’s Thumb, London: Penguin Books, 1990, pág. 160.
  2. Stephen Jay Gould, Ontogeny and Phylogeny, Cambridge, MA: Belknap, Harvard University Press, 1977, pág. 284.
  3. Jeffrey H. Schwartz, Sudden Origins: Fossils, genes, and the emergence of species, New York: John Wiley, 1999, pág. 348.
  4. Ian Tattersall y Jeffrey Schwartz, Extinct Humans, New York: Nevraumont, 2001, págs. 46-9.
  5. Sudden Origins, pág. 373.






4- LA TEORÍA DE LA SIMBIOSIS


Se piensa que los primeros organismos vivos en la Tierra fueron bacterias, las cuales consisten en una sola célula procariótica (célula sin núcleo) y que han seguido evolucionando en parte por mutaciones azarosas y por transferencia de genes de una a otra (conocido como recombinación de ADN).

Hace unos dos mil millones de años aparecieron células eucarióticas más grandes y complejas (células nucleadas); de esta forma, los protistas fueron los primeros organismos eucarióticos unicelulares,  y posteriormente los individuos multicelulares. O sea que animales, plantas y hongos, poseyeron células eucarióticas en su estructura.

Lynn Margulis atribuyó estas mayores innovaciones evolutivas a la simbiosis o tendencia extendida de diferentes organismos para vivir en cercana asociación con otros, y a menudo dentro de otros (como las bacterias en nuestros intestinos).

La forma más íntima de simbiosis es la incorporación e integración de los genes de una especie (principalmente bacterias y otros microbios) en el genoma de otra dando lugar a un tipo nuevo, proceso conocido como simbiogénesis.

Margulis consideró a la simbiogénesis como la principal avenida de la evolución y dijo que los neodarwinistas han “sobreenfatizado dogmáticamente” las mutaciones genéticas accidentales que son "casi siempre inconsecuentes o perjudiciales hacia el proceso como un todo" (1).

La autora piensa que las mitocondrias, verdaderas centrales eléctricas de muchas células nucleadas, en un comienzo fueron bacterias que flotaban libremente y que en el pasado lejano, una célula más grande engulló una bacteria o fue invadida por ella, pero en lugar de digerirla o ser eliminada por ésta, comenzaron a cooperar y la célula invasora terminó convirtiéndose en una mitocondria.

Esta proposición fue ridiculizada en un comienzo, pero ahora es holgadamente aceptada, aunque nunca se ha puesto a prueba en términos experimentales.

Margulis también sugirió que los flagelos o fimbrias usados por las eucariotas para trasladarse a través del agua fueron antaño las rápidas bacterias nadadoras llamadas espiroquetas, las cuales se adhirieron por accidente a otras procariotas y progresivamente perdieron sus rasgos distintivos; y que los cloroplastos en las células vegetales solían ser cianobacterias que por alguna razón fueron reservas digestivas para ancestros de plantas.

Supuestamente estas alianzas azarosas y “estimuladas” por presiones medioambientales dieron origen a células eucariotas internamente elaboradas, las que entonces se diversificaron mediante variación y selección al azar, creando eventualmente alianzas simbióticas con otras unidades y produciendo de esta forma los primeros organismos multicelulares.

Nótese que en esta teoría (y al igual que como se cree con las mutaciones genéticas), también aquí se considera que todos los cambios involucrados en la integración de los genes de un organismo en el genoma de otro tienen lugar azarosamente, o sea sin ninguna guía general o propósito.

Michel Behe levanta una objeción adicional:

-       "La esencia de la simbiosis es la unión de dos células o sistemas separados, y ambos ya están funcionando. Pero ni Margulis ni nadie más ha ofrecido una explicación detallada de cómo se originaron las células preexistentes" (2)

Y también Ernst Mayr puntualizó:

-       "No hay indicación de que alguna de las 10’000 especies de aves o las 4’500 de mamíferos se originaran por simbiogénesis" (3).

De esta manera, el intercambio de material genético a gran escala y no dirigido entre individuos no relacionados es incapaz de explicar la historia de la vida en la Tierra al igual que otros mecanismos azarosos.


Referencias
  1. Lynn Margulis y Dorion Sagan, Acquiring Genomes: A theory of the origins of species, New York: Basic Books, 2002, pág. 15.
  2. Michael J. Behe, Darwin’s Black Box, New York: Free Press, 1996, pág. 189.
  3. Prefacio a Acquiring Genomes, pág. xiii.






5 - LA TEORÍA DE LA COMPLEJIDAD AUTO ORGANIZADA


Stuart Kaufmann, destacado proponente de la teoría de la complejidad, asevera que los orígenes de la vida, el metabolismo, los programas genéticos y los planes corporales se encuentran más allá de la explicación darwinista, pero pueden surgir espontáneamente a través de la autorganización.

Esto se refiere a la tendencia de los sistemas complejos para organizarse con libertad en patrones ordenados, y a veces las “perturbaciones” de un sistema pueden causar que se cambie desde un patrón a otro. Y es cierto que muchos sistemas parecen organizarse “espontáneamente” en ocasiones, pero decir que la autorganización es conducida por “leyes de complejidad” es inútil, ya que las leyes científicas no causan o explican los fenómenos naturales y solamente los describen.

La teoría de la complejidad es densamente matemática y está desconectada de la química de la vida real, pues ningún defensor de dicho postulado ha ido alguna vez al laboratorio para mezclar una amplia variedad de químicos en un tubo de ensayo y verificar si las rutas metabólicas autosustentables se organizan espontáneamente.

Muchos científicos del origen de la vida ya han intentado tales experimentos sin ningún éxito notable, por lo que no existe evidencia que la información biológica o las estructuras anatómicas complejas puedan surgir sólo de la química y la física.

La autorganización permanece como un concepto vago y borroso y la teoría sobresale principalmente al recurrir a gráficos computacionales en vez de explicar cualquier cosa, y así los críticos han acusado a Kauffman de practicar “ciencia desprovista de hechos” y complacerse en “ciberfantasías”.

Robert Wesson reconoce que la evolución implica más que sólo variabilidad y selección natural azarosas, afirmando que también involucra auto-organización y que el surgimiento de una nueva especie es dirigida por “factores internos”.

También Wesson dice que la esencia de la auto-organización es un “atractor” que de alguna forma dirige el desarrollo de un nuevo órgano o instinto en un sentido determinado, por lo que concluye que pensar en estos términos "hace más entendibles las extraordinarias adaptaciones" (1).

Pero la verdad es que el término “atractores” sigue siendo solamente una palabra vacía.


Como Wesson y sus “atractores”, muchos otros científicos han recurrido a toda clase de nuevas “leyes” y “principios organizantes” para explicar la asombrosa diversidad, creatividad e inventiva de la vida. Por ejemplo, Michael Denton habla de un "patrón preordenado escrito en las leyes de la naturaleza desde el principio" (2).

Por su parte, Paul Davies dice que además de las leyes físicas existen "principios organizantes generales que supervisan el comportamiento de sistemas complejos en niveles organizacionales superiores" (3).

Fritjof Capra, teórico de sistemas, cree que hay una “tendencia inherente” en la naturaleza hacia "la aparición espontánea de orden y complejidad en aumento" (4).

Pero como ya se habrá notado, las “leyes de la naturaleza”, los “principios organizantes” y las “tendencias inherentes” son términos puramente descriptivos que no solucionan nada.


El biólogo molecular James Shapiro echa mano de la “ingeniería genética natural” para explicar cómo se crea la novedad en el transcurso de la evolución (5), rechazando la postura tradicional de que el genoma es un sistema de memoria de “sólo lectura” sujeto a cambios por daño accidental y copia de errores, y muestra en gran detalle que las células son capaces de “reescribir” sus propios genomas, y especialmente en respuesta a presiones medioambientales:

« Las células vivas y los organismos son entidades cognitivas (sintientes) que actúan e interactúan con propósito para asegurar la supervivencia, el crecimiento y la proliferación, poseyendo correspondientes capacidades sensorias, de comunicación, procesamiento de información y de toma de decisiones.

Las células están construidas para evolucionar y por consiguiente tienen la habilidad de alterar sus características hereditarias rápidamente a través de ingeniería genética natural y procesos epigenéticos bien definidos, como también por combinación celular.

La novedad evolutiva surge de la producción de nuevas estructuras celulares y multicelulares como resultado de sus funciones de automodificación y fusión. » (6)

De acuerdo a Shapiro, "el registro de ADN definitivamente no apoya la menor acumulación de cambios graduales y accidentales transmitidos por patrones restringidos de tipo vertical" (7).

Existe abundante evidencia de que la transferencia del ADN horizontal ha jugado un rol clave en la evolución, pues los organismos pueden elegir rápidamente estructuras de otros y rediseñarlos, y sobre esto escribe que:

-       "Sorprendentemente, los datos están a favor de la escuela saltacionista que postulaba cambios genómicos mayores en momentos evolutivos clave" (8)

Pero Shapiro no explica el origen de las primeras células o de las habilidades “cognitivas” celulares.

Muchos biólogos se oponen firmemente al concepto de ingeniería genética natural y a la idea de "cognición celular, toma de decisiones y función orientada a un objetivo", porque sienten que implica un “ingeniero” y de esta forma apoya el diseño inteligente.

William Dembski, un proponente de esta última hipótesis, destaca:

« Los organismos que pueden elaborar su propia ingeniería genética natural son maravillas en sí mismos, e inclusive necesitamos ser ingenieros para entenderlas. Más aún, las hazañas que llevan a cabo en este sentido eclipsan con creces a las proezas tecnológicas humanas. Entonces,

¿Por qué debiera ser forzado pensar que tales sistemas son el resultado de un agente?
» (9)

Shapiro rechaza la idea de una “inteligencia guía externa a la naturaleza”, como también lo hace la visión general teosófica, puesto que nada puede estar fuera de la naturaleza infinita y reconoce que el Universo está impregnado por mente e inteligencia que se manifiestan en muchos grados diferentes en todas las formas de vida (incluyendo las células), pero que la consciencia no puede ser reducida a las operaciones de la materia física.


Referencias
  1. Robert Wesson, Beyond Natural Selection, Cambridge, MA: MIT Press, 1994, pág. 170.
  2. Michael J. Denton, Nature’s Destiny, New York: Free Press, 1998, pág. 282.
  3. Paul Davies, The Mind of God, New York: Simon & Schuster, 1992, pág. 182.
  4. Fritjof Capra, The Web of Life, London: Flamingo, 1997, pág. 222.
  5. James A. Shapiro, Evolution: A view from the 21st century, Upper Saddle River, NJ: FT Press Science, 2011; Casey Luskin, "James Shapiro’s Evolution: A View from the 21st Century offers a stunning look at biological complexity and non-Darwinian evolution", 29 agosto 2011, evolutionnews.org; James A. Shapiro, "Is James Shapiro a design theorist?: James Shapiro replies", 16 enero 2012, evolutionnews.org.
  6. Evolution: A view from the 21st century, pág. 143.
  7. Ibid., pág. 126.
  8. Ibid., pág. 89.
  9. William A. Dembski, "Borderline heretic: James Shapiro and his 21st century view of evolution", 2012, designinference.com.






6 - LA TEORÍA DE LOS CAMPOS MÓRFICOS


Rupert Sheldrake va un paso más allá al reconocer la necesidad de factores causales no físicos, a los cuales llama “campos mórficos que incluyen otros de tipo:

-      morfogenético (desarrollo y mantención de los cuerpos de los organismos),
-      motor (organizadores de movimiento),
-      conductual (comportamiento habitual e instintivo),
-      mental (asociado con la actividad psíquica consciente e inconsciente),
-      social y cultural.

Sheldrake afirma que los sistemas naturales a todos niveles de complejidad (desde los átomos a los organismos y sus conjuntos) están animados, organizados y coordinados por estos ámbitos y que a su vez contienen una memoria inherente.

Los sistemas naturales heredan esta memoria colectiva de todos los elementos previos de su clase por “resonancia mórfica”, y de esta manera, lo que suceda en las formas posteriores dependerá de lo que ha sucedido en el pasado.

Durante la embriogénesis, los grupos de células relativamente no especializadas actúan como “gérmenes morfogenéticos” que se sintonizan con las esferas morfogenéticas que dirigen el desarrollo de estructuras corporales particulares.

Comúnmente, un tipo determinado de morfogénesis sigue un sendero de desarrollo particular, pero también puede encaminarse hacia la forma final desde diferentes gérmenes morfogénicos y por variadas vías, como está demostrado por la habilidad de los organismos para regenerarse después de un daño, y si las condiciones medioambientales imprevistas o los cambios genéticos alteran suficientemente la estructura de un germen, éste puede asociarse con un ámbito morfogenético diferente o con ninguno.

El patrón de la actividad génica controlada por los homeobox afecta a un camino completo de morfogénesis y las mutaciones en esas unidades inciden en la sintonización de estas simientes morfogenéticas con campos particulares de igual índole, tal como la alternación de un transistor o condensador en un circuito de sintonización podría causar que un televisor muestre un canal diferente o pierda la habilidad de recepcionar cualquier otro.

Sheldrake asevera que la evolución "comprende más de un cambio en las frecuencias génicas porque implica la selección natural y la estabilización de patrones organizadores generados por campos mórficos que evolucionan en sí mismos" (1).

También explica que el origen de nuevos entornos de ese tipo podría estar adscrito al azar, a la creatividad inherente en la naturaleza o a un agente creativo trascendente.

Este autor piensa que los campos mórficos nunca se desvanecen completamente cuando muere la especie o entidad que organizan, sino que continúan existiendo como "potenciales patrones organizacionales de influencia", y que esto explica por qué los mismos caminos evolutivos a veces se repiten.

Hasta cierto punto, los campos concebidos por Sheldrake corresponden a los cuerpos sutiles e internos o “almas” referidos en las tradiciones místicas, mientras que el ámbito mórfico correspondiente a Gaia equivale a los planos más sutiles (astral y akásico) que interpenetran a nuestro globo físico. Pero el concepto de este autor sobre los campos mórficos es extremadamente vago, ya que los describe como “entornos de información” que no constituyen un tipo de materia o energía y son detectables sólo por sus efectos sobre sistemas materiales.

Sin embargo, si los campos mórficos fueran absolutamente inmateriales, serían la nada misma y de esta forma estarían desprovistos de algún poder explicatorio. Por lo que es más lógico concebirlos como patrones más finos y no físicos de energía-sustancia, demasiado etéricos para ser detectables por instrumentos científicos (2).

En lugar de un mundo físico organizado por “campos” nebulosos e inmateriales, la Teosofía propone la existencia de un espectro completo de fuerzas y entidades parafísicas que van desde las injerencias elementales de la naturaleza hasta las inteligencias espirituales.

Y la idea de que existen energías y entidades más sutiles en juego hace más sentido que la creencia de que hay “leyes” abstractas y “principios” que flotan alrededor, creando mágicamente el orden del caos, o que la suerte y la espontaneidad sólo son creativas por accidente.

Desde un punto de vista teosófico, el mundo físico (y todo dentro de él) está organizado y guiado desde el interior hacia el exterior, y son autoorganizantes sólo si el prefijo “auto” se considera para incluir niveles suprafísicos de su constitución.

La noción de planos internos de existencia, claro está, no “explica” hechos en el sentido de ofrecer una “última respuesta”, ya que después de todo, podríamos entonces averiguar las propiedades de estos estados más sutiles de energía-sustancia, las características de las diversas entidades que pueblan los ámbitos invisibles y la manera en que estos factores suprafísicos interactúan con el mundo material y lo influencian.

El punto es simplemente que, si de hecho vivimos en una realidad multinivelada como dejan entrever muchos fenómenos “anómalos”, entonces las fuerzas y entidades parafísicas inevitablemente también jugarán un rol en la evolución.

El principio básico es que cualquier evento en un plano definido está influenciado por agentes sutiles conectados más con planos internos que con “campos”, “leyes” o “principios” absolutamente inmateriales (3).


Referencias

  1. Rupert Sheldrake, The Presence of the Past: Morphic resonance and the habits of nature, New York: Vintage, 1989, pág. 285.
  2. Ver "Rupert Sheldrake: a theosophical appraisal", http://davidpratt.info.
  3. Ver "Worlds within worlds", http://davidpratt.info.





¿ES LA EVOLUCIÓN PRODUCTO DEL AZAR O ESTÁ DIRIGIDA?



(Observación: esta es la séptima parte de la investigación de David Pratt sobre la evolución de las especies y cuyo principio lo pueden leer aquí, y le agradezco inmensamente a Nicolás por haber traducido un artículo tan extenso, pero a la vez tan interesante de leer.)


   ÍNDICE

   1.  Los “accidentes milagrosos” 
   2.  La complejidad irreductible 
   3.  Dios y la “imperfección” 
   4.  Monoteísmo versus Los Poderes Creativos





1 - LOS “ACCIDENTES MILAGROSOS”


Los darwinistas creen que un tipo de criatura eventualmente puede evolucionar hacia otra muy distinta, a través de cambios genéticos totalmente accidentales y sin propósito.

Consideremos por ejemplo, la transición de los reptiles terrestres hacia los reptiles acuáticos:

« Ya que los reptiles terrestres comunes se aventuraron en el agua, ellos necesitaron colas similares a las que tienen los peces. Y supuestamente en forma servicial (y sin ningún conocimiento posible de este requerimiento) las mutaciones “accidentales” y “casuales” alteraron el aparato genético increíblemente complejo que había dado origen a los reptiles, de tal manera que se crearon colas de pez maravillosamente diseñadas y funcionales en un saurio que hasta entonces se movía con torpeza en el agua.

Y así el vasto complejo de genes que codifican todas las estructuras de los miembros (por una mutación aquí y otra allá) de algún modo fue transformando el sorprendente conjunto genético y creando “milagrosamente” un nuevo conjunto genético, el cual era requerido para modificar los tendones, los vasos sanguíneos, los músculos, los huesos el sistema nervioso y otras estructuras. Todos dispuestos en una forma precisa para constituir los “remos” orgánicos altamente eficientes para la propulsión en el ambiente hídrico.

Pues bien, se hace evidente al escuchar esta teoría, que a pesar de las fervientes negativas, los evolucionistas también creen en los milagros. » (1)


Consideremos ahora la supuesta transición de los reptiles a los mamíferos:

« Para transformar un reptil en un mamífero se necesitarían de toda clase de cambios radicales, y los darwinistas creen que esta transición está muy bien documentada por el registro fósil, el cual muestra a ciertos terápsidos (reptiles parecidos a los mamíferos) convirtiéndose gradualmente en individuos parecidos a los mamíferos durante el transcurso del Triásico.

Pero el asunto no es tan sencillo, ya que por ejemplo: los reptiles tienen múltiples huesos mandibulares y uno solo en el oído, mientras que los mamíferos tienen un solo hueso mandibular y tres en el oído.

Y la reconfiguración escalonada de estas estructuras (a través de la fase intermedia de una doble articulación mandibular) es atribuida por los darwinistas a una larga serie de mutaciones azarosas de las cuales muchas fueron dañinas, pero otras produjeron “casualmente” los cambios requeridos, por lo que las criaturas supervivientes podían continuar masticando y oyendo.

Pero el detalle con esa teoría es que tiene un gran fallo, porque resulta que el extremadamente complicado órgano de Corti es esencial para la audición en los mamíferos y el reptil no lo posee.


El órgano de Corti contiene filas de epitelios sensoriales que generan impulsos nerviosos en respuesta a las vibraciones sonoras (3).


Y al mismo tiempo, los reptiles tuvieron que inventarse muchos otros “nuevos” e increibles órganos y procesos anatómicos y fisiológicos, tales como un flamante modo de reproducción, glándulas mamarias, regulación de temperatura, pelo y una forma novedosa de respiración que incluía un diafragma.

Y esto no tiene mucho sentido porque por ejemplo: el pelo se desarrolla a partir de folículos complejos a profundidad dentro de la dermis, lo cual es muy diferente de las escamas reptilianas.

O las glándulas mamarias (de las cuales se origina el nombre de “mamíferos”). Según los darwinistas, estas evolucionaron a partir de las glándulas sudoríparas (las cuales de por sí están ausentes en los reptiles) y la leche evolucionó a partir del sudor.  Aunque no está claro qué pasó con los bebés mamíferos durante la lenta e hipotética transición de una solución acuosa, ligera  y salada de urea y otras toxinas, a un líquido espeso, nutritivo y rico en proteínas, azúcar, grasas y anticuerpos. » (2)



Por otra parte, para que el sistema reproductivo mamífero funcione apropiadamente, todos los siguientes rasgos deben de estar presentes:

-      que existan ovarios y testículos para fabricar óvulos y espermios, cada uno de los cuales debe tener sólo la mitad del número normal de cromosomas.
-      que el cuerpo masculino posea un mecanismo para implantar el esperma dentro del cuerpo femenino.
-      que las células espermáticas tengan la habilidad e instinto de buscar al óvulo que aguarda.
-      que este ovulo acepte un solo espermio y bloquee la entrada de cualquier otro.
-      que la célula espermática se una con el óvulo de tal manera que asegure la combinación ordenada de los genes y cromosomas nucleares.
-      que el gameto fertilizado genere la división y proliferación celular.
-      que el embrión en desarrollo adquiera una placenta y un cordón umbilical para conducir sangre y productos de desecho entre él y la madre.
-      que el feto sea expulsado del útero cuando termine el periodo.
-      y que existan glándulas mamarias para suministrar nutrición líquida al recién nacido.

Pues bien, todos estos rasgos difícilmente podrían ser el resultado de una lenta acumulación de contratiempos en la secuencia genética.

Parafraseando a Gould:

¿De qué sirve la mitad de un pene, o un espermio sin una cola?

O sea que el sistema reproductivo completo de los mamíferos tuvo que haber aparecido de una sola vez y ya trabajando en perfecta armonía.


Ahora bien, para arreglar este asunto, muchos darwinistas han recurrido a los genes reguladores como la solución mágica que resuelve todos esos problemas.

Pero Michael Schwartz señala que:

« Si las aletas se convierten en miembros especializados simplemente a través de la activación de genes homeobox situados en nuevas ubicaciones y por la inserción de una corta secuencia molecular en un gen regulador determinado, entonces la evolución de manos y pies en los primates sería incluso una hazaña evolutiva más simple. » (4)

En otras palabras:

"Un gen regulador es activado por aquí y otro ajustado por allá”.

¡Y magia, aparecieron las manos y los pies!

Y nuevamente, el origen del propio sistema de genes homeobox y cualquier mutación que éstos o los genes estructurales experimenten son atribuidos a la “suerte ciega”.

Pero el mundo viviente presenta infinitos y fascinantes ejemplos de diseños ingeniosos que exponen el absurdo abismal de las explicaciones darwinistas de la manera estándar como son expresadas.

Y a continuación, es menciono algunos ejemplos de ello:


LA MARIPOSA


La mariposa comienza su vida como un pequeño huevo de cáscara dura, dentro del cual crece un embrión que se convierte en una oruga que al poco tiempo comienza a alimentarse de vegetación.

Cuando está completamente crecida, la oruga muda su piel por última vez y cambia a una pupa o crisálida conteniendo una masa amorfa de tejidos, que de alguna forma se reconfigura en una estructura totalmente diferente y con un estilo de vida muy distinto.

Seguramente es un insulto a nuestra inteligencia insistir en que la misteriosa metamorfosis de una oruga en una mariposa podría haberse originado por mutaciones genéticas fortuitas, pero como dice Michael Behe:

-       "En algunas ocaciones, los científicos adultos son tan propensos al pensamiento deseoso como los niños pequeños." (5)



LA ANGUILA ELÉCTRICA


La anguila eléctrica, que comúnmente alcanza una longitud de hasta 2 m tiene tres pares abdominales de órganos que producen electricidad y se extienden por cuatro quintos del largo de su cuerpo. Estos órganos se componen de 5000 a 6000 electrocitos apilados y pueden producir un shock de hasta 500 voltios, y todos los constituyentes deben estar presentes para que el sistema funcione. Así sin la capa de grasa aislante, por ejemplo, la anguila se electrocutaría.

Y el mismo Darwin admitió que:

-       "Los órganos eléctricos de los peces ofrecen otro caso de dificultad especial, y es imposible concebir por qué fases se han producido estas maravillosas estructuras." (6)



EL ESCARABAJO BOMBARDERO


El escarabajo bombardero (de unos 3 cm de largo) está equipado para su defensa con lo que puede compararse con un motor de cohete en miniatura a combustible líquido. Este insecto almacena hidroquinonas y peróxido de hidrógeno en un reservorio interno, desde el cual las mezclas pueden ser bombeadas a una cámara de reacción que contiene enzimas.

Entonces la válvula se cierra y la reacción explosiva a 100°C fuerza el chorro hacia el exterior mediante un orificio tipo torreta en el extremo trasero del cuerpo, el cual lo envía en cualquier dirección deseada.

Pues bien, este complejo mecanismo de defensa junto con los instintos requeridos para operar difícilmente podrían ser el resultado de una evolución gradual o azarosa.



EL MICROSTOMUM


El platelminto llamado Microstomum también tiene un destacado sistema defensivo. Cuando se siente atacado, se descargan células llamadas nematocistos que están justo bajo la superficie del lomo del gusano, y las cuales pican al atacante.

Dicha especie obtiene sus nematocistos de las hidras y normalmente las evitan, pero cuando requieren más nematocistos las comen y digieren todos sus tejidos excepto estas peculiares unidades. Después que dichas estructuras urticantes se almacenan dentro de ciertas células del platelminto, se digieren aquéllas diseñadas para disparar hilos enrollados o pegajosos y las que lanzan cerdas ponzoñosas son transportadas a sitios ubicados bajo la capa externa del lomo del animal, donde son orientadas para que los aguijones dispararen hacia arriba.

Las células formantes de la capa externa del platelminto devienen muy delgadas sobre los nematocistos, proveyendo así de “portillas” para el lanzamiento de los aguijones, y finalmente, las células que encapsulan nematocistos experimentan importantes cambios que les permiten actuar como mecanismos de accionamiento (7).


Y también existen incontables y enigmáticos ejemplos de imitación en los mundos animal y vegetal. Por ejemplo:


EL PROTELES


El proteles o lobo de tierra se asemeja a la hiena rayada (que es un agresivo animal que muchos depredadores evitan). Pues bien, este mamífero posee una melena eréctil a lo largo de su lomo que hace que parezca mucho más grande y le permite imitar a una hiena, e incluso las similitudes se extienden a la anatomía interna de esta particular especie.


El proteles (arriba) imita a la hiena rayada (debajo) (8).



EL RAPE


Otro ejemplo de mimetismo es el pez rape filipino, el cual simula ser una roca y agita una pieza de cebo parecida a un pequeño pez. El cebo (que constituye parte de su cuerpo) tiene aletas, cola y manchas negras que asemejan a ojos, y así la carnada atrae a otros peces lo suficientemente cerca para comerlos (9).



Entonces cabe preguntarse nuevamente:

¿Cómo es que las mutaciones y la selección natural azarosas consiguieron llevar todas estas particularidades tan sofisticadas a cabo?




Referencias

  1. Duane T. Gish, Evolution: The fossils still say no!, El Cajon, CA: Institute for Creation Research, 1995, págs. 104-5.
  2. Ibid., págs. 167-73; John D. Morris y Frank J. Sherwin, The Fossil Record: Unearthing nature’s history of life, Dallas, TX: Institute for Creation Research, 2010, pág. 154.
  3. "Ear, human", Encyclopaedia Britannica, CD-ROM 2004.
  4. Jeffrey H. Schwartz, Sudden Origins: Fossils, genes, and the emergence of species, New York: John Wiley, 1999, pág. 38.
  5. Michael J. Behe, Darwin’s Black Box: The biochemical challenge to evolution, New York: Free Press, 1996, pág. 23.
  6. Balázs Hornyánszky e István Tasi, Nature’s I.Q., Badger, CA: Torchlight Publishing, 2009, pág. 66; http://en.wikipedia.org/wiki/Electric_eel.
  7. Richard L. Thompson, Mechanistic and Nonmechanistic Science: An investigation into the nature of consciousness and form, Los Angeles, CA: Bhaktivedanta Book Trust, 1981, págs. 193-5.
  8. William R. Corliss (compilación), Biological Anomalies: Mammals I, Glen Arm, MD: Sourcebook Project, 1995, pág. 17.
  9. William R. Corliss (compilación), Science Frontiers: Some anomalies and curiosities of nature, Glen Arm, MD: Sourcebook Project, 1994, pág. 154.






2 - LA COMPLEJIDAD IRREDUCTIBLE



En tiempos de Darwin se creía que la célula era un “glóbulo homogéneo de protoplasma”, pero ahora se sabe que contiene sistemas de complejidad que dejan perplejo a cualquiera. Por ejemplo, algunas células se trasladan usando un cilio (que es una estructura parecida a un pelo y que golpea como látigo).

Pues bien, los cilios son máquinas moleculares muy complejas que constan de unas 200 clases diferentes de partes proteicas, y este es un ejemplo de lo que Michael Behe denomina “un sistema de complejidad irreductible”.

Es decir, un conjunto que deja de funcionar si se remueve cualquiera de sus partes interrelacionadas. Y Behe sostiene que tales sistemas no se pueden producir de la manera gradual en que Darwin visualizaba la evolución y por consiguiente estos sistemas tienen que surgir de un solo salto evolutivo.


Otro sistema irreduciblemente complejo es el flagelo rotatorio, que es una especie de motor fuera de borda que ciertas bacterias usan para movilizarse, y algunos flagelos giran a más de 1000 revoluciones por segundo!!!

El aparato incluye las siguientes partes:

-      una larga cola que actúa como propulsor
-      la región del codo que une el propulsor al eje de conducción
-      el motor que usa un flujo de ácido externo de la bacteria llevándolo al interior para dar energía al giro
-      un estator cuya función es mantener la estructura estacionaria en el plano de la membrana mientras gira el propulsor
-      y material espeso para permitir que el eje conductor funcione a través de la membrana bacterial.

Y lo más increíble es que ningún flagelo funciona en ausencia del codo, del motor, del propulsor o del eje, o si falta alguno de los más de 40 tipos de proteínas necesarios para la construcción y operación de dicha extremidad (1).


Ilustración de un flagelo bacteriano que muestra el filamento, el codo y el motor incrustados en las membranas celulares interna y externa, y la pared celular (2).



Otros casos de complejidad irreductible incluyen la visión, la coagulación sanguínea y el sistema de transporte intracelular de proteínas. Y Behe subraya que esencialmente la literatura científica especializada permanece silenciosa cuando tiene que explicar en detalle cómo tales conjuntos intrincados podrían haber evolucionado en una modalidad darwinista, ya que muchos de los informes en revistas de biología molecular conciernen al análisis secuencial de ADN.

Por ejemplo, sobre el tema del flagelo, Simon Conway Morris escribe:

« Al tiempo que no podríamos subestimar la dificultad en explicar cómo podría haberse generado tal motor biológico, todo lo que sabemos sobre la evolución indica que el camino a su construcción implica los procesos paralelos de desprolijidad e incorporación con al menos algunas de las proteínas agrupadas en formas muy sorprendentes, y a partir de alguna otra función en un sector diferente de la célula. » (3)

Dicho de otro modo, Morris no tiene nada más que ofrecer sino una efímera esperanza.



LOS OJOS


Darwin admitió que la creencia de que un órgano tan perfecto como el ojo podría haber sido formado por selección natural es “suficiente para dejar atónito a cualquiera”, pero entonces apeló al enorme periodo que se tuvo disponible para hacerlo.

Incluso más asombrosa es la creencia actual que se tiene que los ojos en cámara (como los que poseen los humanos) evolucionaron accidental e independientemente al menos siete veces.

Y al igual que Darwin, Richard Dawkins piensa que el ojo evolucionó gradualmente por una serie de fases intermedias, pero tiene que constatar que las mejoras en la estructura ocular son inútiles a menos que fueran paralelas con un proceso neural mejorado, e incluso el “punto sensitivo a la luz” que Dawkins toma como su punto de partida es un órgano multicelular, de la cual cada una de sus unidades hace que la complejidad de una motocicleta o televisor parezcan insignificantes.

Así, Dawkins sólamente agrega sistemas complejos a otros sistemas complejos y a eso lo denomina una “explicación”.

Pero sobre esta “explicación” Behe comenta:

« Esto puede compararse a responder la pregunta:

¿Cómo se construyó un equipo de música?

Con la respuesta:

-       "Al conectar parlantes a un amplificador, agregar un reproductor de CD, un receptor de radio y una casetera."

[Lo que obviamente es una respuesta muy incompleta que contesta pero NO explica.] » (4)


Corte transversal del ojo humano. La retina tiene 130 millones de bastones y conos sensibles a la luz, los cuales causan reacciones fotoquímicas que transforman la luminosidad en impulsos eléctricos. Cerca de mil millones de impulsos son transmitidos al cerebro cada segundo por medios que siguen siendo mal comprendidos.


Behe también ilustra la complejidad de la visión con la siguiente secuencia más bien técnica, pero altamente simplificada: cuando un fotón golpea la retina, ésta interactúa con una pequeña molécula orgánica llamada cis-retinal, causando que su forma inclinada se enderece.

Esto cambia la forma de la proteína rodopsina, la cual se une a la anterior y expone un “sitio de anclaje” que permite a la proteína trasducina adherirse a ella. Entonces parte del complejo trasducina ahora se disocia e interactúa con otra proteína denominada fosfodiesterasa, que adopta la habilidad de seccionar la molécula GMP cíclica (guanosín monofosfato) y la convierte en GMP-'5.

Una parte de éste se adhiere a la proteína de canal-iónico, que normalmente permite iones de sodio en la célula, pero cuando la concentración de GMP cíclica decrece por acción de la fosfodiesterasa, el guanosín adherido finalmente cae, causando un cambio en la forma que obtura el canal.

Y como resultado, los iones de sodio no siguen ingresando en la célula, por lo que su concentración de sodio disminuye y el voltaje a lo largo de la membrana celular cambia.

Eso a su vez, provoca una onda de polarización eléctrica que es enviada mediante el nervio óptico y de ahí al cerebro.

Y posteriormente el sistema tiene que regenerarse y volver al punto inicial, preparándose para el siguiente fotón entrante (5), y cuando las señales eléctricas son procesadas, integradas e interpretadas por el cerebro (y la mente), entonces resulta la visión.

******

No obstante, Michael Schwartz cree que al invocar a los genes reguladores desaparece la necesidad de una elaborada explicación del origen y complejidad del ojo.  Schwartz afirma que:

« Las razones yacen en saber que existen genes homeobox para la formación de este órgano, y que cuando uno de ellos, en particular el gen Rx, es activado en el lugar y el tiempo adecuados, el individuo posee una estructura ocular. » (6)


¡Realmente es difícil imaginar una "explicación" darwinista más vacía!



Referencias

  1. Michael J. Behe, William A. Dembski y Stephen C. Meyer, Science and Evidence for Design in the Universe, San Francisco: Ignatius Press, 2000, págs. 123-4, 134-5; Michael J. Behe, The Edge of Evolution: The search for the limits of Darwinism, New York: Free Press, 2008, págs. 261-8.
  2. Michael J. Behe, Darwin’s Black Box, New York: Free Press, 1996, pág. 71.
  3. Simon Conway Morris, Life’s Solution: Inevitable humans in a lonely universe, New York: Cambridge University Press, 2003, pág. 111.
  4. Darwin’s Black Box, pág. 39.
  5. Science and Evidence for Design in the Universe, págs. 117-9; Darwin’s Black Box, págs. 18-22.
  6. Jeffrey H. Schwartz, Sudden Origins: Fossils, genes, and the emergence of species, New York: John Wiley, 1999, pág. 362.






3 - DIOS Y LA "IMPERFECCIÓN"


A comienzos del siglo XIX, el sacerdote anglicano William Paley sostenía que si encontráramos un reloj extraviado por primera vez, pensaríamos que sus partes habían sido diseñadas y ensambladas con un propósito, y por consiguiente sostuvo que también los sistemas vivientes altamente complejos deben de haber sido diseñados.

Los exponentes del movimiento moderno del Diseño Inteligente (DI) argumentan que esta idea constituye la mejor explicación y la más adecuada para la información en la célula, porque sólo los móviles inteligentes han demostrado el poder de generar grandes cantidades de información funcionalmente específica.

Michael Behe afirma que la selección natural y las mutaciones azarosas juegan un rol en la evolución, pero que:

-       "El diseño es evidente cuando ciertos componentes separados e interactuantes se ordenan de tal manera que cumplen una función que va más allá de las partes individuales." (1)

El Diseño Inteligente también es propuesto para explicar la vasta cadena de “coincidencias” que hacen posible la vida en la Tierra, como por ejemplo, las injerencias relativas de las cuatro fuerzas físicas, la tasa entre enlaces químicos fuertes y débiles y las propiedades térmicas del agua y de la atmósfera terrestre. Puesto que si las “leyes de la física” hubieran sido sólo ligeramente distintas, la vida basada en el carbono no sería viable (2).

Los darwinistas rechazan la hipótesis del Diseño Inteligente como improbable e imposible de refutar, y de esta manera la consideran pseudociencia. Sin embargo, el mismo defecto puede ser esgrimido contra la creencia neodarwinista de que todo el mundo viviente se originó mediante mutaciones y selección natural accidentales.

El movimiento DI deja abierta la pregunta acerca de la identidad del “diseñador” o “diseñadores”. Si ellos son naturales o “sobrenaturales”, y cómo sus creaciones son impresas en la materia.

Los defensores del Diseño Inteligente discrepan sobre la realidad de la ancestralidad común, ya que muchos de ellos son teístas cristianos (y algunos de los cuales son también creacionistas) y creen que existe sólo un diseñador/creador, que es el hipotético Dios omnipotente y omnisciente de la teología ortodoxa cristiana.

Los creacionistas bíblicos aceptan que la variación genética (microevolución) está teniendo lugar constantemente, pero rechazan la macroevolución y la teoría de la descendencia común pues no aceptan que Dios intervenga al planear y dirigir las mutaciones para llevar a cabo cambios evolutivos a gran escala.

Según ellos (y en varias épocas pasadas) Dios creó cada nueva clase de criatura de la nada por medios sobrenaturales, por lo que estos seres recién concebidos aparecieron en la Tierra abruptamente y se desarrollaron a completitud.

Una encuesta de 2012 determinó que el 46% de los estadounidenses creía que "Dios creó los seres humanos en su forma presente en algún momento durante los pasados 10’000 años" (3).

Los darwinistas contraatacan a esto diciendo que al existir defectos en los diseños de las criaturas que vemos en la Tierra, esas fallas no pueden ser el producto de un ser inteligente, y esto se conoce como el “argumento de la imperfección”.

S.J. Gould lo resumía así:

-       "Las disposiciones estrambóticas y soluciones divertidas son la prueba de los senderos evolutivos que un “Dios sensato” jamás transitó, y por ende se infiere forzosamente un proceso natural obligado por la historia."

Su ejemplo favorito era el pulgar del panda gigante, que esta especie usa para manipular los tallos de bambú, los cuales forman su dieta principal. Sin embargo, su pulgar no es uno de los cinco dedos de la pata normal de los mamíferos, y en lugar de eso constituye un miembro extra producido a partir de un hueso de muñeca transformado (junto con la reestructuración apropiada de la musculatura).

Pues bien, Gould considera que un diseñador le habría dado al panda un pulgar oponible real, y concluye que en este caso dicho dedo debe de haber evolucionado por medios darwinistas (4).

Sin embargo, es imposible desaprobar el diseño inteligente sobre la base de aserciones improbables acerca de cómo actuaría o no una entidad hipotética.

Como dice Behe, el “diseñador” podría tener múltiples motivos, y a menudo la excelencia de la ingeniería natural es relegada a un rol secundario, y además, el hecho de que los sistemas vivos no sean perfectos no prueba que no haya ningún diseño o que la evolución azarosa darwinista sea real.

Y nótese que Gould falla al proveer una explicación darwinista adecuada de cómo evolucionó el pulgar del panda. Simplemente establece que un sólo cambio en un gen regulador que controla la acción de muchos genes estructurales fue responsable del desarrollo complejo total del hueso y del músculo, pero no especifica qué gen regulador cambió, y tampoco explica cómo una transformación del homeobox orquestaría esta importante fase.

En resumen, no ofrece nada más que la explicación tradicional y vaga de la varita mágica. (5)


En cuanto a los defensores del Diseño Inteligente (incluyendo a los creacionistas) responden al argumento de la imperfección intentando demostrar que los supuestos diseños “imperfectos” son en realidad hazañas de sofisticada ingeniería, o las consideran como el producto de degeneración de un diseño original beneficioso y racional.

Por ejemplo, considerando el ojo humano, los darwinistas arguyen que este órgano en los vertebrados es un “esquema fallido” ya que está cableado hacia atrás, pues los fotoreceptores se hallan en dirección opuesta de la luz, resultando así en un “punto ciego”.

Mientras que los proponentes del Diseño Inteligente puntualizan que la posición de los nervios en frente de las células retinianas sensibles a la luz asegura el máximo suministro de sangre a la retina y de esta manera la mayor sensibilidad.

Ahora bien (e independientemente que si el ojo es o no es perfecto) de todas formas permanece el siguiente hecho:

« La literatura científica no contiene evidencia de que la selección natural que incide en una mutación, pueda producir ya sea un ojo (con un punto ciego o sin él), un párpado, un cristalino, una retina, una rodopsina o un retinaldeído. » (6)


Otro detractor del Diseño Inteligente es Robert Wesson quien señala muchos rasgos extraños y aparentemente ilógicos en el mundo viviente. Y a su juicio, el cuerpo humano está mal adaptado de muchas maneras:

« El cuerpo es un fardo de imperfecciones, con vientres aflojados, pechos caídos, protuberancias inútiles sobre las ventanas de la nariz, dientes cariados con terceros molares propensos a problemas, pies que duelen, glúteos abultados, espaldas que se tuercen fácilmente y piel suave desnuda sujeta a cortes, picaduras de insectos y quemaduras solares. Somos pobres competidores en la carrera de la vida y sólo un tercio tan fuertes como los chimpancés más pequeños que nosotros. » (7)

No obstante, estos defectos relativamente menores no prueban que el cuerpo surgió a partir de mutaciones y selección natural fortuitas. Y desde un punto de vista teosófico, las entidades que se encarnan en formas físicas adoptan el cuerpo que necesitan para adquirir las experiencias y lecciones necesarias para su progreso evolutivo.

Por lo tanto, es ilógico que las almas imperfectas tengan cuerpos absolutamente perfectos, y el mal uso del libre albedrío es la causa original de una gran cantidad de enfermedades.



¿Y EL DISEÑO DE LOS ANIMALES?

Los evolucionistas señalan que los miembros anteriores de las tortugas, los caballos, las aves y los murciélagos no están perfectamente adaptados porque se transformaron a partir de una estructura heredada y no diseñada de materias completamente “primigenias” para un propósito específico. Pero el solo hecho de que las extremidades de los vertebrados sean modificaciones del mismo diseño básico no es prueba de nada y ciertamente es compatible con el diseño inteligente, pues:

¿Por qué los “diseñadores” (que no necesariamente son “omnipotentes”) no debieran producir nuevos rasgos en organismos por modificación de los ya existentes?



EL ADN

También suelen citarse aquellos rasgos que no tienen ningún uso aparente como evidencia contra el Diseño Inteligente. Por ejemplo, menos del 5% del ADN en muchas plantas y animales codifican proteínas, mientras que el restante originalmente fue catalogado como “ADN basura” o “pseudogenes”.

Los darwinistas sostienen que este ADN no funcional confirmaba que los genes mutaban por azar, resultando en un genoma lleno de información inútil, errores y genes rotos. No obstante, se ha sabido por décadas que muchas secuencias no codificantes sí tienen importantes funciones, tales como codificar moléculas de ARN implicadas en la regulación de la expresión genética.

Además se ha sugerido que una parte de este ADN puede consistir en genes ancestrales "redundantes" que no siguen expresándose o que puede contener información para futuros eventos evolutivos. El proyecto Encyclopedia of DNA Elements (ENCODE) infiere que al menos el 80% del ADN humano sirve para algún propósito bioquímico, aunque muchos científicos no están de acuerdo (8).



¿ES EL DISEÑADOR SÁDICO?

Michael Behe, que se describe como “un católico romano bastante convencional”, cree que existe un sólo Diseñador Inteligente, el cual está “más allá de la naturaleza”, pero que también es responsable por haber creado “un torrente de dolor” e “indecible miseria humana”, y se pregunta:

-       "¿Son los virus y parásitos parte de alguna estrategia natural brillante y hasta ahora inapreciada, o reflejan las improvisaciones de un diseñador incompetente y falible?(9).

Mientras que otros creyentes en un diseñador inteligente benévolo predicen que los estudios genéticos revelarán que las bacterias virulentas son sistemas degenerativos resultantes de la pérdida de información genética original (10).


(Observación: este debate entre científicos y religiosos me hace pensar a dos bandos –por cierto muy fanatizados– que no quieren ver que las cosas no son blanco o negro, sino una mezcla de los dos.

Y es que por un lado los religiosos quieren meter a toda costa a “Dios” detrás de cada acto de la Creación. Y por el otro lado, los científicos quieren evitar por todos los medios la posibilidad de que exista una Inteligencia que se encuentre invisiblemente dirigiendo a dicha Creación, y para resolver las preguntas incomodas simplemente contestan que fue el resultado del “Azar”…

Y curiosamente no es en ninguno de estos dos bandos sino en el esoterismo que he encontrado las respuestas más profundas, consistentes y esclarecedoras sobre estas preguntas existenciales que son:

¿Cómo se creó la vida?

¿Cuál es la razón de la evolución?

¿Por qué motivo existen las enfermedades?

Etcétera. Y es por ello que les comparto esas respuestas que dan los maestros transhimaláyicos para que ustedes mismos las puedan analizar y comparar con lo que dice la ciencia y la religión.)



Referencias

  1. Michael J. Behe, Darwin’s Black Box, New York: Free Press, 1996, pág. 194.
  2. Ver Michael J. Denton, Nature’s Destiny: How the laws of biology reveal purpose in the universe, New York: Free Press, 1998.
  3. gallup.com/poll/21814/evolution-creationism-intelligent-design.aspx.
  4. Stephen Jay Gould, The Panda’s Thumb, London: Penguin Books, 1990, pág. 20.
  5. Sri Ramesvara Swami (editor), Origins: Higher dimensions in science, Los Angeles, CA: Bhaktivedanta Book Trust, 1984, pág. 47.
  6. James P. Gills y Tom Woodward, Darwinism under the Microscope: How recent scientific evidence points to divine design, Lake Mary, FL: Charisma House, 2002, págs. 151-9; Darwin’s Black Box, pág. 224.
  7. Robert Wesson, Beyond Natural Selection, Cambridge, MA: MIT Press, 1994, pág. 95.
  8. Stephen C. Meyer, Signature in the Cell: DNA and the evidence for intelligent design, New York: HarperOne, 2009, págs. 490-1.
  9. Stephen C. Meyer, Darwin’s Doubt: The explosive origin of animal life and the case for intelligent design, New York: HarperOne, 2013, págs. 400-2; Rupert Sheldrake, A New Science of Life: The hypothesis of formative causation, London: Icon Books, 3era edición, 2009, pág. 180; en.wikipedia.org/wiki/Junk_DNA.
  10. Michael J. Behe, The Edge of Evolution: The search for the limits of Darwinism, New York: Free Press, 2008, págs. 228, 232, 237-8.






4 - MONOTEÍSMO VERSUS PODERES CREATIVOS


Mucha gente es incapaz de reconciliar la idea de un creador omnisciente, omnipotente y perfecto con el sufrimiento, las imperfecciones y desperdicios en la naturaleza. Por ejemplo, los gnósticos argumentaban que el Dios creador debe de haber sido:

«... una deidad inferior, un constructor que recibió sus “órdenes”, por así decirlo, de los Arquitectos Divinos. ...  Y las variadas imperfecciones e incompletitudes tan obvias en el sistema cósmico que incluso nosotros las percibimos, establecen que no podrían ser el trabajo de una Deidad todo perfecta y cósmicamente omnipotente, porque desde una completa perfección puede emanar sólo un trabajo perfecto e íntegro. » (1)

Los monoteístas podrían alegar que Dios eligió crear un universo potencialmente perfecto, pero que dotó a cada alma con una medida de libre albedrío que puede ser usado para bien o para mal. No obstante, esta explicación es insuficiente, ya que si Dios determina el carácter y las circunstancias del nacimiento de cada nueva alma que supuestamente crea, también Él sería responsable por las numerosas y aparentes injusticias en el reino humano y en el reino animal, lo cual seguramente no lo dejaría en buena posición.

Existen objeciones adicionales al concepto teológico tradicional de Dios, pues, si supuestamente Dios es infinito y siempre ha existido, “ÉL” es una abstracción y no puede ser una entidad pensante y creadora, ya que por definición, un ser es finito y limitado, una entidad en aprendizaje, y ciertamente no todopoderosa ni omnisciente, y un Dios infinito no podría estar totalmente separado del universo físico, sino que sería sinónimo con una naturaleza infinita.

De esta manera, concebir al Creador como una existencia externa al Cosmos es ilógico, y la idea de que produjo el universo y todo dentro de él literalmente de la nada es simplemente absurdo, ya que nada proviene de la nada, y así la infinita naturaleza debe haber existido siempre, sin importar cuánto protesten los creacionistas o los cosmólogos del Big-Bang (2).

En vez de haber un solo Dios creador y supremo, las formas de creacionismo más sofisticadas sostienen que un amplio rango de seres espirituales y otros no físicos están involucrados en el proceso de “creación” (3), y en contraste con el creacionismo estricto, otros investigadores y tradiciones místicas proponen que existe un proceso evolutivo físico, pero al mismo tiempo van más allá del darwinismo estándar al afirmar que dicho desarrollo es dirigido por ciertas jerarquías de entidades parafísicas.

Alfred Russell Wallace, naturalista del siglo XIX, terminó discrepando con Charles Darwin (quien era su contemporáneo) luego de concluir que la selección natural no asistida era incapaz de explicar la forma física de los humanos y que la acción conductora de “inteligencias superiores era una parte necesaria de las grandes leyes que gobiernan el universo material” (4).

También Robert Broom, antropólogo del siglo XX, creía que varios agentes espirituales y psíquicos guían y controlan la evolución, algunos son benevolentes y otros son maléficos (5).

Alexander Mebane propone que una variedad de diseñadores subdivinos dirige el proceso de la evolución saltacional, y además sugiere que la abundancia de formas y estilos de vida extrañamente fantásticos indica que los diseñadores siempre han competido unos con otros (6).

Robert Gilson plantea que la fuente divina principal “omnisciente y todopoderosa” delega una buena parte del trabajo creativo a una vasta jerarquía de poderes subordinados, pero ampliamente autónomos. Estos agentes no físicos producirían mutaciones genéticas, aunque los rangos más bajos pueden inducir a errores (7), y así, tanto Mebane como Gibson parecen implicar que los diseñadores trabajan predominantemente en forma autoconsciente.

El filósofo Thomas Nagel reconoce que el paradigma del darwinismo materialista y reduccionista ha fracasado al tratar de explicar el origen y la evolución de la vida, y la existencia de la conciencia, la cognición y nuestro sentido moral únicamente en términos de leyes físico-químicas sin propósito y una larga serie de accidentes. Rechazando la idea de una fuerza inteligente externa al orden natural, Nagel espera que en algún momento se descubran nuevos “principios” que son “más teleológicos que mecanicistas” (8).

Y ciertamente parecen haber procesos con propósito funcionando en la naturaleza, pero invocar a principios teleológicos abstractos no ayuda a explicarlos; y aún cuando dichos eventos son reales, igualmente se necesitan inteligencias, entidades, energías o fuerzas principalmente no físicas.

La tradición de la Sabiduría Antigua postula una serie interrelacionada de ámbitos y entidades inmateriales tras los eventos del mundo físico, como se plantea en muchos sistemas religiosos y filosóficos. Por ejemplo, el cristianismo habla de ángeles, arcángeles, dominios, principados, etc., y en el primer verso del Génesis se dice que “en el principio Dios creó los cielos y la tierra”.

Sin embargo en este pasaje, la palabra normalmente traducida como “Dios” en realidad es un vocablo plural: elohim, que significa “dioses” (‘el’ significa “dios”, ‘eloh’ quiere decir “diosa” y el sufijo ‘im’ es la terminación masculina plural).

La palabra traducida como “creó” es un verbo reflexivo, significando que los poderes creativos andróginos se hicieron o se formaron a sí mismos, o se convirtieron en los ámbitos espiritual y material (9).

Por lo tanto, claramente, los elohim no equivalen a la "infinitud ilimitada" referida en el segundo verso como “el profundo” (tehom), que corresponde al ‘ayn soph’ de los cabalistas, el ‘shunyata’ de los budistas y al ‘parabrahman’ de los hindúes.

La presentación más detallada y accesible de la Sabiduría Antigua se encuentra en la Teosofía moderna, y las enseñanzas dadas sobre la evolución desde que la Sociedad Teosófica se formó en 1875 son solamente un panorama general de la información que posee la Hermandad de los Adeptos (10).

Se dice que estos antecedentes fueron compilados y verificados reiteradamente por incontables generaciones de sabios y videntes, cuyos poderes ocultos les dan acceso a los ámbitos internos de la naturaleza y les permiten leer los registros de la historia de la Tierra por clarividencia.

Y un resumen de dicha explicación en lo que concierne la evolución de las especies, la doy en el siguiente capítulo.



Referencias

  1. G. de Purucker, Fundamentals of the Esoteric Philosophy, Pasadena, CA: Theosophical University Press (TUP), 2a edición, 1979, pág. 509.
  2. Ver "Trends in cosmology", http://davidpratt.info.
  3. Ver Michael A. Cremo, Human Devolution: A Vedic alternative to Darwin’s theory, Los Angeles, CA: Bhaktivedanta Book Publishing, 2003.
  4. Citado en H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, TUP, 1977 (1888), 1:339.
  5. R. Broom, The Coming of Man, London: H.F. & G. Witherby, 1933, págs. 11-2, 196-8, 220-5.
  6. Alexander Mebane, Darwin’s Creation-Myth, Venice, FL: P&D Printing, 1994, págs. 69-70.
  7. Robert J. Gilson, Evolution in a New Light: The outworking of cosmic imaginism, Norwich: Pelegrin Trust, 1992, págs. 99-109, 122.
  8. Thomas Nagel, Mind and Cosmos: Why the materialist neo-Darwinian conception of nature is almost certainly false, Oxford: Oxford University Press, 2012.
  9. G. de Purucker, Studies in Occult Philosophy, TUP, 1973, págs. 129-33; Fundamentals of the Esoteric Philosophy, págs. 95-104.
  10. Ver "The mahatmas", http://davidpratt.info.