Por falta de tiempo a veces me tardo mucho en responder a los comentarios

por lo que les pido paciencia y me disculpo si llega a ser su caso.

ENCUENTRO CON EL MAESTRO KUTHUMI EN LAHORE

Una de las construcciones más importantes de Lahore es la mezquita de Badshahi Masjid que fue construida en 1673 por el emperador mogol Aurangzeb con capacidad para acomodar a más de 55’000 fieles y es una de las mezquitas más bellas del mundo.





A finales de 1883, mientras que el Presidente de la Sociedad Teosófica –el Coronel Olcott– estaba llevando a cabo una gira por el Norte de la India para difundir las enseñanzas teosóficas, él fue visitado por el Maestro Kuthumi, quien también visitó a otros dos miembros –Damodar Mavalankar y William Tournay Brown quienes formaban parte del grupo de teósofos que acompañaban al Coronel Olcott.

Y si ya de por si es raro que un Maestro se aparezca con su cuerpo astral a alguien que no sea un discípulo u otro Adepto. Es todavía más raro que se presente en persona con su cuerpo físico. Por lo tanto el testimonio de estos tres miembros de la Sociedad Teosófica que tuvieron la oportunidad de ser visitados personalmente por el Maestro Kuthumi (K.H.) en la ciudad de Lahore es particularmente valioso.

(En ese entonces Lahore formaba parte de la India Británica y actualmente forma parte de Pakistán.)



Y a continuación les transcribo los relatos que ellos dieron sobre ese evento:

Durante su primera visita al Coronel Olcott y al Sr. Brown, en la madrugada del 20 de noviembre de 1883, el Maestro Kuthumi dejó una carta con cada uno de ellos.





TESTIMONIO DEL CORONEL OLCOTT


Encontramos en los Diarios del Coronel Olcott la siguiente entrada en esa fecha en particular:

« 1:55 a.m., Kuthumi vino en cuerpo a mi tienda. Me despertó de mi sueño y de repente presioné una nota (envuelta en seda) en mi mano izquierda y él puso su mano sobre mi cabeza. Luego pasó al compartimento de Brown y también le materializó otra nota en su mano. Él me dijo que fue enviado por el Maha Chohan. »
(Collected Writings VI, p.23)


Y en su obra “Las Viejas Hojas de un Diario”, el Coronel Olcott detalló más al respecto:

« Mi campamento se había encontrado atestado de visitantes durante los tres días que duró nuestra estancia en Lahore y en donde di dos conferencias a las multitudes bajo la shamiana más grande (que es un pabellón abierto de lona), con grandes vasijas de fuego situadas a lo largo de los lados para atenuar el tremendo frío de noviembre, ya que el Punjab es el reverso del trópico en lo que respecta a las temperaturas en nuestros meses de invierno.

Mi muy capaz y amable intérprete era el Pandit Gopinath M.S.T., un periodista bien educado y de lo más emprendedor, un Brahmán de Cachemira, bien conocido por los teósofos por su lealtad inamovible hacia los dos Fundadores.

La noche del 19 de noviembre de 1883 me encontraba durmiendo en mi tienda de campaña, cuando, al sentir una mano sobre mi cuerpo, volví precipitadamente de regreso a la consciencia externa.

Y estando situado el campamento en una planicie abierta y fuera del alcance de la protección de la policía de Lahore, mi primer instinto fue de protegerme a mí mismo de un posible asesino fanático religioso, así que agarré los brazos del intruso y le pregunté en indostaní: ¿Quién era y qué quería?

Todo ocurrió en un instante, mientras mantenía con fuerza al hombre sintiéndome en peligro de ser atacado en cualquier momento y tener que defender mi vida. Pero al siguiente momento una voz dulce y amable me dijo:

     -   ¿Qué no me conoces? ¿No me recuerdas?

Era la voz del Maestro Kuthumi, y al instante me sentí avergonzado y solté sus brazos. Junté las palmas de mis manos en saludo reverente [“Namaste”] y quería saltar fuera de la cama para mostrarle mi respeto, pero su mano y su voz me detuvieron.

Después de intercambiar unas cuantas palabras, él puso mi mano izquierda en la suya, juntando los dedos de su mano derecha en la palma de su mano izquierda, y permaneciendo en silencio junto en mi catre, desde donde yo podía ver su rostro divinamente benigno, por la luz de la lámpara que ardía sobre una caja de embalaje detrás de él.

Luego sentí una substancia suave que se formaba en mi mano, y al siguiente minuto el Maestro puso su benévola mano sobre mi frente, pronunciando una bendición y dejando la parte de la tienda de campaña que yo ocupaba, para visitar al Sr. Brown que dormía en la otra mitad, detrás de un lienzo que dividía la tienda en dos cuartos.

Cuando tuve tiempo para poner atención en mí mismo, me encontré sosteniendo en mi mano izquierda un papel doblado envuelto en un paño de seda.

Naturalmente mi primer impulso fue ir a la lámpara, abrirlo y leerlo. Y descubrí que era una carta con consejos de carácter personal, conteniendo profecías de la muerte de dos enemigos involuntarios de la Sociedad Teosófica y que se produjeron poco después con el fallecimiento del Swami Dayanand Saraswati y de Babu Keshab Chandra Sen.

Y un punto muy importante que hay que remarcar es que la escritura de esta carta (formada en mi propia palma por el propio Maestro Kuthumi) es idéntica a todas las otras cartas que el “sagaz” Netherclift (el grafólogo del Sr. Hodgson) después de mucho inspeccionarlas y disertarlas, llegó a la equivocada conclusión de que ¡habían sido escritas por Blavatsky! »
(Old Diary Leaves III, capítulo 3)





LA CARTA DEL MAESTRO KUTHUMI AL CORONEL OLCOTT

En su diario, el Coronel Olcott mencionó unos cuantos detalles sobre el contenido de esa carta, pero posteriormente el investigador Boris de Zircoff tuvo acceso a esa carta en los Archivos de Adyar.

Junto a la carta se encuentra adjunto un trozo de papel con la siguiente anotación y con la escritura del Coronel Olcott:

-       "Carta a H.S.O. [Henry Steel Olcott] formada en mi propia mano por el Maestro K.H. durante una visita nocturna en el campamento de Maidan fuera de Lahore."

Esta carta se encuentra escrita con tinta negra en ambos lados de una hoja.

Facsímil de la página de enfrente.

Facsímil de la página de atrás.


Y la carta dice lo siguiente:

« Desde el comienzo de tu término probatorio en América, has tenido mucho que hacer conmigo, aunque tu imperfecto desarrollo te haya hecho confundirme frecuentemente con Artya, y repetidamente hayas imaginado que era el trabajo de tu propia mente cuando en realidad era la mía que trataba de influenciar y hablar con la tuya.

Desde luego y de acuerdo a tus propios cánones de evidencia, hasta ahora no has sido un testigo completamente calificado, dado que (de acuerdo a tu conocimiento) nunca nos hemos encontrado previamente de manera física. Pero te informo que finalmente este encuentro en persona ha sucedido, y uno de los objetivos que tenía al hacer mi viaje desde el Ashram hasta Lahore era el de darte esta última prueba substancial.

Ahora tú no solamente me has visto y conversado conmigo, sino que también me has tocado, y mi mano ha apretado la tuya, y al K.·. de hecho.

Tu acción escéptica, llegando frecuentemente al conservatismo extremo (quizás el único rasgo que nadie, sin prestar atención, habría sospechado de ti) ha impedido seria y constantemente tu desenvolvimiento interior.

Este rasgo te ha hecho muy desconfiado, y a veces cruelmente también de Upâsikâ [Blavatsky], de Borg, de Djwal Khul, e incluso de Damodar y D. Nath, a los cuales amas como hijos.

Este encuentro con nosotros debe cambiar radicalmente ese estado de tu mente, y si no lo hiciese así, tanto peor para tu futuro: la verdad nunca viene como un bandido, a través de ventanas con rejas y puertas con láminas de hierro.

Vengo a ti no solamente de manera espontánea y por mi propio deseo, sino también por órdenes del Maha Chohan, para cuya percepción interior, el futuro yace como un libro abierto.

En Nueva York le pediste a Morya una prueba objetiva de que la visita que te hacía no era una ilusión y él te la dio, y ahora sin que me la pidas, yo te doy la presente prueba y aunque ahora salga de tu vista, esta nota será para ti el recordatorio de nuestra entrevista.

A continuación voy con el joven Sr. Brown para probar su intuición. Mañana en la noche cuando el campamento esté tranquilo y lo peor de las emanaciones de tu audiencia se hayan ido, te visitaré de nuevo, para una conversación más larga, ya que debes de ser prevenido en contra de ciertas cosas en el futuro.

No temas ni dudes, como temiste y dudaste en la cena, la última noche: el primer mes del año próximo de tu era, habrá apenas asomado cuando dos más de los “enemigos” habrán muerto.

Permanece siempre vigilante, fervoroso y juicioso, ya que recuerda que la utilidad de la Sociedad Teosófica depende en gran medida de tus esfuerzos y que nuestras bendiciones siguen a sus sufrientes Fundadores y a todos los que ayudan en su trabajo.

K.H. »

Observación

La prueba objetiva que el Maestro Kuthumi menciona que el Maestro Morya le dio al Coronel Olcott en Nueva York para demostrarle que la visita que le había hecho no era una simple ilusión, fue el turbante que el Maestro Morya llevaba en la cabeza y el cual se encuentra conservado todavía en el Museo de Adyar, Madrás, India.

Foto de una parte del turbante y observen como arriba en la esquina derecha se encuentra plasmado el monograma del Maestro Morya.

Detalle del monograma






TESTIMONIO DEL SEÑOR BROWN

Sobre lo que pasó con el Sr. William Tournay Brown, el Coronel Olcott escribió lo siguiente:

« Lo que sucedió al otro extremo de la carpa en donde se encontraba durmiendo el joven Brown, él mismo lo relató oralmente a una gran cantidad de testigos y también lo publicó en un folleto titulado “Algunas experiencias que tuve en la India”.

Desafortunadamente actualmente no puedo echarle mano a la copia que tengo de ese folleto. Pero en su otro folleto titulado “Un Tratado Explicativo sobre la Sociedad Teosófica” publicado en Madrás, él dice lo siguiente:

-       "Bastará aquí señalar que el Maestro Kuthumi es un Adepto viviente, y yo soy testigo de ello porque yo tuve el honor de verlo personalmente en Lahore y de escuchar su voz, e incluso él me tocó la espalda. Y posteriormente he recibido cartas en Madrás, Lahore, Jammu (Cachemira) y nuevamente en Madrás, todas escritas con la misma letra." (p.11)

En lo que a mí concierne, puedo decir que al escuchar la exclamación que hizo el joven Brown, fui a verlo y él me mostró una carta de apariencia similar a la que yo había recibido, pero con un diferente contenido, y dijo que de repente se le había materializado (como me sucedió a mi) y nos pusimos a leerla juntos. »
(Old Diary Leaves III, capítulo 3)


Este encuentro que tuvo el Sr. Brown con el Maestro Kuthumi, también fue narrado por el Sr. Brown en un panfleto autobiográfico titulado “My Life” [Mi Vida] el cual fue impreso en Friburgo, Badén, Alemania, por el Sr. D. Lauber, en el otoño de 1885.

En la portada el Sr. D. Lauber menciona que:

-       "El siguiente panfleto ha sido preparado para los conocidos del escritor, especialmente en Escocia."

Y el Investigador Boris de Zircoff señala que este folleto es extremadamente raro ya que hoy en día no se conoce otra copia más la que se encuentra archivada en la Biblioteca de Adyar.

Y a continuación pongo lo que el Sr. Brown dijo acerca de ese encuentro que tuvo con el Maestro Kuthumi en Lahore:

« El día 19 de noviembre de 1883, en la ciudad de Lahore vi a un hombre que me dio la impresión que era el Mahatma Kuthumi. Y en la madrugada del día 20 me desperté por la presencia de alguien que se encontraba en mi tienda de campaña. Una voz me habló y cuando abrí los ojos, encontré una carta en un pañuelo de seda dentro de mi mano.

Estoy consciente de que la carta y el pañuelo no fueron colocados en mi mano como se hace de la manera habitual, sino que crecieron “a partir de la nada”. Simplemente sentí una corriente de magnetismo y de repente se materializaron.

Y como también me di cuenta que mi visitante ya se había ido, me levanté para leer la carta y examinar el pañuelo. El pañuelo es blanco de la más fina seda, con las iníciales “K.H.” marcadas en azul, y la carta también está en azul con letras bien delineadas a mano. Y su contenido es el siguiente: »





LA CARTA DEL MAESTRO KUTHUMI AL SR. BROWN

« Lo que Damodar te dijo en la ciudad de Pune es cierto. Nosotros [los Maestros] nos vamos acercamos paulatinamente más y más a una persona a medida que ella misma se va preparando para lo mismo.

Tú primero nos viste en visiones, luego en formas astrales, aunque muy frecuentemente sin reconocerlas, luego en cuerpo a una corta distancia de ti.

Y ahora me ves en mi propio cuerpo físico (es decir, me hubieses visto si hubieras volteado tu cabeza) pero aun así me percibiste tan cerca de ti como para permitirte dar a tus compatriotas la seguridad de que por conocimiento personal estás tan seguro de nuestra existencia como lo estás de la tuya propia.

Sin embargo y sin importar lo que ocurra, recuerda que serás vigilado y recompensado en proporción a tu fervor y trabajo por la causa de la Humanidad que se han impuesto sobre ellos mismos los Fundadores de la Sociedad Teosófica. Dejo el pañuelo como testimonio de esta visita. Y Damodar es lo suficiente competente para hablarte acerca del Asociado de Rawal Pindi.
K.H. »
(Collected Writings VI, p.29-30)






TESTIMONIO DEL CORONEL OLCOTT DE LA SEGUNDA NOCHE


En la noche del 20 de noviembre de 1883, el Maestro Kuthumi le envió al Coronel Olcott el siguiente mensaje:

-       "Estate alerta por la señal: prepárate para seguir al mensajero que vendrá por ti."


Arriba está el facsimile de esa nota y el original se encuentra también en los Archivos de Adyar, y tiene adjunta una nota explicativa del Coronel Olcott que dice:

-       "Nota a H.S.O. del Maestro K.H. para prepararlo para una visita en el cuerpo físico en su tienda en Lahore."

(Observación: el texto de la carta y de la nota que recibió el Coronel Olcott por parte del Maestro Kuthumi también se puede encontrar en el libro titulado “Las Cartas de los Maestros de la Sabiduría”, Primera Serie, No 26 y 27. Y los facsímiles también se encuentran en la revista The Theosophist de agosto de 1932, p. 567-570, 573.)


Y en su obra “Las Viejas Hojas de un Diario”, el Coronel Olcott relató lo que sucedió esa noche:

« La noche siguiente, después de la visita que el Maestro Kuthumi nos hiciese al Sr. Brown y a mí, estábamos sentados junto con Damodar en mi tienda de campaña, a las 10 en punto, esperando la anunciada visita del Maestro Kuthumi.

El campamento estaba tranquilo, y el resto de nuestro grupo se había dispersado en la ciudad de Lahore. Nos sentamos en unas sillas en la parte posterior de la tienda para no ser observados desde el campamento. La luna estaba en su último cuarto y no había salido todavía.

Después de esperar un poco, escuchamos y vimos a un hindú alto que se acercaba por el lado de la llanura abierta. Era un discípulo del Maestro Kuthumi. Llegó a unos cuantos metros de nosotros él le hizo una seña a Damodar para que fuera hacia él, lo cual Damodar hizo.

Le dijo que el Maestro se presentaría en unos pocos minutos, y que el Maestro tenía algunos asuntos que tratar con Damodar.

Y poco después efectivamente vimos llegar al Maestro proviniendo de la misma dirección, pasó junto a su alumno — quien se había retirado a una pequeña distancia — y se detuvo frente a nuestro grupo.

Nosotros nos pusimos de pie y lo saludamos a la manera Hindú. Brown y yo permanecimos en nuestros lugares, mientras que Damodar caminó hacia el Maestro y conversó con él durante algunos minutos, después de lo cual regresó con nosotros, al mismo tiempo que nuestro venerable visitante se alejaba caminado, y pude escuchar sus pasos en el suelo.
_ _ _

Más tarde, cuando me encontraba en mi tienda de campaña escribiendo mi Diario y ya preparándome para acostarme, el mismo alumno del Maestro Kuthumi levantó la cortina de la entrada, y me hizo señas indicándome la figura de su Maestro, esperándome en la llanura a la luz de las estrellas.

Fui a verlo, mientras que él mismo caminó hacia un lugar más seguro y más distante para evitar la presencia de intrusos, y luego durante media hora me dijo lo que tenía que saber, y cuyo contenido no veo necesario detallarlo ya que ese capítulo de la historia de la Sociedad Teosófica se cerró desde hace mucho tiempo.

Sin embargo cabe señalar que el Maestro me dijo que no había acudido a verme únicamente por su propia cuenta, aunque estaba contento de poder hacerlo en persona, pero que había sido enviado por una Autoridad más alta que él [probablemente el Chohan Serapis] quien estaba satisfecho con mi fidelidad y deseaba que nunca perdiera la confianza. »
(Old Diary Leaves III, capítulo 4)






TESTIMONIO DEL SEÑOR BROWN SOBRE ESTOS DOS ENCUENTROS

Todos estos sucesos que ocurrieron en Lahore, el Sr. Brown los resumió en su folleto Algunas experiencias que tuve en la India” en donde escribió:

« Después de un largo viaje en tren, me uní al coronel Olcott en la ciudad de Sholapur. Luego llegamos a la ciudad de Jubbulpore, y la noche de la conferencia, el Coronel Olcott, Damodar, varios miembros de la Sociedad Teosófica y yo, condujimos juntos al lugar de la reunión pública.

Allí el Coronel pronunció un discurso impresionante a una gran audiencia y durante la conferencia, y tres o cuatro figuras majestuosas atrajeron mi atención en particular.

Ellos no se mostraban pasmados como el resto de la audiencia, pero se mantuvieron calmosamente dignos y ocasionalmente intercambiaron miradas agradables. Y no me sorprendió saber después que algunos Maestros habían estado presentes en la reunión en forma astral.

Y luego fuimos a Allahabad, y en esta antigua ciudad el Coronel Olcott pronunció una emotiva conferencia y aquí vi y reconocí al Maestro Kuthumi, y aunque solo pude verlo por un breve momento, supe que era él y lo reconocí por su retrato, el cual había examinado unas semanas antes.

A nuestro regreso al búngalo en el que nos alojábamos, mi impresión fue corroborada por Damodar, quien se ofreció voluntariamente a comentar que su Maestro había estado allí.

El lugar al que fuimos después fue a la ciudad de Lahore, y allí como en todas partes, el Coronel Olcott pronunció emotivos discursos ante grandes audiencias; pero Lahore tuvo un interés especial, porque allí vimos, en su propio cuerpo físico, al propio Maestro Kuthumi.

En la tarde del 19 de noviembre, vi al Maestro a plena luz del día, y lo reconocí, y en la mañana del día 20 vino a mi tienda y me dijo: "Ahora me ves delante de ti en carne y hueso, mira y asegúrate por ti mismo que soy yo", y dejó una carta de instrucciones y un pañuelo de seda.

En la noche del día 21, después de la conferencia, el Coronel Olcott, Damodar y yo estábamos sentados afuera de la shamiana (que es un pabellón de techo abierto cubierto con esteras de bambú), cuando fuimos visitados por Djwal Khul, quien es uno de los principales discípulos del Maestro Kuthumi y nos informó que su Maestro estaba a punto de llegar. Y sí fue, el Maestro se acercó a nosotros, nos saludó, le dio instrucciones a Damodar y luego se fue. »
(Some Experiences in India, London Lodge of the Theosophical Society, 1884, extractos)






NOTA EDITORIAL DE BLAVATSKY


Y como era de esperarse, el Coronel Olcott y el Sr. Brown les mencionaron a las demás personas de ese encuentro que tuvieron con el Maestro Kuthumi y telegrafiaron al Cuartel General para informarles sobre lo que les había sucedido.

Y es por ello que Blavatsky en el siguiente número de la revista The Theosophist añadió una nota en donde decía:

« Ya no es necesaria la evidencia secundaria. El 20 de noviembre a las 10 a.m. recibimos dos telegramas, fechados de Lahore. Uno fue enviado por el Coronel Olcott quien nos notifica que fue visitado en persona por el Mahatma “K.M.” la noche precedente; y el otro fue enviado por el Sr. W.T. Brown, M.S.T. de la Logia de Londres y cuyo telegrama dice lo siguiente:

-       "¡Fui visitado temprano esta mañana por el Maestro Kuthumi, quien me dejó un pañuelo de seda como memorial!"

Y hoy, el 22 de noviembre, habiendo telegrafiado a ambos caballeros para pedirles que me dieran su permiso de anunciar este magno acontecimiento en la revista The Theosophist, hemos recibido la respuesta de que no solamente me daban su autorización, sino que el Presidente Olcott, el Sr. Brown y el Sr. Damodar tuvieron otra visita en la siguiente noche cerca de su tienda, y esta vez el Maestro Kuthumi estuvo acompañado también en su cuerpo físico por su discípulo Djwal Khul.

Y a menos de que el Sr. W.T. Brown sea también clasificado por nuestros oponentes como otro “farsante”, queda bien establecida la cuestión relativa sobre la existencia real del Maestro Kuthumi.

Porque un testigo puede estar equivocado respecto a los hechos, e incluso se puede tener dudas acerca de la evidencia de dos testigos. Pero cuando se trata del testimonio de tres o más testigos que hablan sobre el mismo evento que ocurrió frente a ellos, se vuelve incoherente la duda incluso en una Corte de justicia.

Aún no recibimos los detalles, pero dado que hemos sido notificados que el Mahatma K.H. en su trayecto rumbo a Siam, es lo más probable que pase vía Madrás en una o dos semanas, y tenemos toda razón para suponer que nuestro Presidente Olcott, el Sr. Brown y el Sr. Damodar vieron el cuerpo vivo y físico del Maestro Kuthumi y no meramente su forma astral como antes. »
(The Theosophist, diciembre de 1883, p.85-86)






CARTA DE BLAVATSKY AL SEÑOR SINNETT


Y también todo este asunto, Blavatsky se lo comentó a su amigo el periodista Alfred Sinnett en una carta que le escribió poco después y a continuación les transcribo la parte que concierne este tema:

« Adyar, 21 de noviembre de 1883.

Brown me escribió una loca carta de Jubolpore y Allahabad acerca de haber visto a Kuthumi y reconocerlo mientras que se encontraba en una conferencia. La mayoría de los fenómenos extraordinarios tuvieron lugar entre los viajeros: Olcott, Brown, Damodar y dos secretarios de Madrás.

Damodar ya se encuentra tan desarrollado que puede salir de su cuerpo a voluntad. Ellos le dijeron que fuera a verme el día 10, dándole un mensaje y pidiéndole que me dijera que les reenviara el mensaje de vuelta como una señal segura de que realmente me había visitado en su cuerpo astral.

Y a la misma hora, Coulomb escuchó su voz [de Damodar] en mi habitación y efectivamente lo vi, lo escuché y telegrafié de inmediato lo que me había mencionado. Lo encontrarás en el Suplemento de la revista The Theosophist.

Y también Brown me indica que él pone cartas con preguntas debajo de la almohada de Damodar y recibe las respuestas unos minutos más tarde, en la letra de Kuthumi y en su papel habitual y también recibe contestaciones de mi jefe [Morya].

Ante estos hechos seguramente ahora nuestros detractores van a decir que Damodar es el tercer “farsante” que también pretende ver a los Maestros, pero bueno esta vez Olcott vio por fin a Kuthumi y también Brown lo vio en Lahore.

D.K. me dice que le pida a Brown que escriba lo que él presenció para que así tengan al menos un testigo inglés que atestigüe que los Maestros no son un mito inventado por dos “humoristas” occidentales [Blavatsky y Olcott]. »
(Cartas de H.P. Blavatsky a A.P. Sinett, Carta N°29)


_ _ _

Y después de dejar Lahore, la comitiva fue a la ciudad de Jammu en donde de nuevo fueron visitados por el Maestro Kuthumi, y los relatos que ellos dieron al respecto, los pueden leer en este otro capítulo (link).





ENCUENTRO CON EL MAESTRO KUTHUMI EN JAMMU “LA CIUDAD DE LOS TEMPLOS”

Uno de los templos más famosos de esa región es el Templo Vaishno Devi que está dedicado a la diosa Mata Adi, y aunque este templo se ubica a más de 1’500 metros de altura en la Montaña Trikuta, es un importante centro de peregrinaje para los hindús.





A finales de 1883, hubo un suceso muy notable en el ámbito teosófico, y es que el Maestro Kuthumi se presentó físicamente ante tres miembros de la Sociedad Teosófica (que fueron el Coronel Olcott, Damodar Mavalankar y William Tournay Brown) mientras que ellos se encontraban en una gira por el Noroeste de la India.

Estos encuentros se dieron en la las ciudades de Lahore y Jammu.


Los relatos que se dieron sobre el encuentro que hubo en la ciudad de Lahore los he trascrito aquí y les recomiendo que los lean primero para que así tengan una mejor comprensión cronológica de cómo sucedieron estos eventos.

Y los relatos sobre el encuentro que hubo en la ciudad de Jannu (que fue la siguiente ciudad a donde fueron después de quitar Lahore) se los trascribo a continuación:




TESTIMONIO DE DAMODAR MAVALANKAR


Damodar Mavalankar fue un discípulo del Maestro Kuthumi y posteriormente cuando regresó al Cuartel General en Adyar (Madras), él escribió la experiencia que tuvo y esta se publicó en una edición especial de la revista The Theosophist con el título:

UN GRAN ACERTIJO RESUELTO

« A mi regreso al Cuartel General de la Sociedad Teosófica, y después del viaje efectuado por el Norte de la India, a donde había acompañado al Coronel Olcott en su gira presidencial, descubrí con pesar y tristeza sobre las acusaciones adicionales y aún más malignas de ciertos espiritistas, reclamándoles a los Fundadores (Blavatsky y Olcott) de haber inventado su relación con los Maestros Transhimaláyicos.

Para mí en lo personal, ese problema está totalmente resuelto, pero a pesar de ello no me comprometo a probar mi caso a aquellos que debido a prejuicios y errores, han decidido cerrar los ojos ante los hechos más evidentes, porque como dice el dicho: “ninguno es tan ciego como el que no quiere ver”.

Pero al mismo tiempo, no cumpliría con mi deber si no expusiera los acontecimientos que me han llevado a tener confianza sobre ese hecho, y se los mencionara a los buscadores fervientes de la verdad, y que por aspiración sincera y estudio dedicado se han acercado más y más al Mundo Oculto.

Por lo tanto, pienso que la mejor manera de compartir esa convicción con las mentes inteligentes es narrar los hechos de la manera más simple y llana posible, tal como me sucedieron, y así dejando las especulaciones completamente fuera de consideración.

Para comenzar, debo precisar que muchos de mis amigos y hermanos de la Sociedad Teosófica saben que durante los últimos cuatro años he sido un discípulo del Maestro Kuthumi, y de vez en cuando he tenido la ocasión de referirme públicamente a este hecho, como también al otro hecho de haber visto a algunos de los otros Venerables Maestros de los Himalayas, tanto en sus cuerpos astrales como en sus cuerpos físicos.

Sin embargo, todo lo que podría exhortar a favor de mi punto (a saber que estos Grandes Maestros no son espíritus incorpóreos sino hombres vivos), aún así no convencería a una mente espiritista cegada con sus prejuicios e ideas preconcebidas.

Al grado que se ha sugerido que los Fundadores de la Sociedad Teosófica pueden ser médiums, y en cuya presencia ellos pueden materializar formas que se confunden con entidades reales. Y cuando yo afirmé que yo también había visto a los Maestros (incluso estando solo), se argumentó que yo también me estaba convirtiendo en un médium.

A este respecto, una observación del Señor C.C. Massey en una carta publicada en la revista The Light del 17 de noviembre es muy sugestiva, ya que ese caballero no solo está lejos de ser hostil a nosotros, sino que es un teósofo de larga data, inclinado únicamente a descubrir la verdad.

Pero a pesar de ello, el siguiente extracto de dicha carta mostrará cuán grandes son los conceptos erróneos incluso de algunos de nuestros propios miembros:

« Sin embargo, si fuera una pregunta abierta, libre de declaraciones autorizadas, para que tal sugerencia pudiera hacerse sin ofensa por alguien que, de ser posible, evitaría la ofensa, debería expresar la opinión de que estas cartas, sean o no sean el ipsissima verba de cualquier Maestro, fueron en todo caso escritas por Madame Blavatsky o por otros discípulos aceptados de esos Maestros, o al menos se debería de considerar que Madame Blavatsky es un medio para su producción y no meramente para su transmisión.

Gracias a la amabilidad del Señor Sinnett que me ha prestado las cartas de los Maestros que él tiene en su posesión, yo me he familiarizado con el tipo de escritura que contienen, y el hecho de que esta no tengan el más mínimo parecido con la caligrafía de Madame Blavatsky, no cambia mi opinión porque es bien sabido que cuando se escribe en un estado mediúmnico, la forma de la escritura puede cambiar enormemente.

Pero también estoy obligado de admitir que hay circunstancias relacionadas con la recepción por parte del Señor Sinnett de otras cartas firmadas “K.H.”, que son aparentemente inconsistentes con la posibilidad de que la Señora Blavatsky las haya escrito como una médium o de otra manera, y sin embargo esas cartas también tienen el mismo tipo de caligrafía correspondiente al Maestro Kuthumi. »


Ahora bien, teniendo en cuenta el último párrafo de la cita anterior, yo invitaría respetuosamente a los espiritistas a explicar el hecho no solo de mí mismo, sino también que el Coronel Olcott, el Sr. Brown y otros caballeros que participaron en esta gira recibieron varias cartas y en varias ocasiones cartas en respuesta a conversaciones y preguntas que ellos habían efectuado ese mismo día (e incluso a veces unos minutos antes), y en ocasiones estando solos y en otras ocasiones estando en compañía de otras personas.

Y todo eso a pesar que Madame Blavatsky se encontraba a miles de millas de distancia y la caligrafía en todas estas nuevas cartas que se materializaron es la misma e idéntica a la caligrafía de las cartas que tiene es su posesión el Sr. Sinnett.

Y yo también presencié esos hechos porque mientras que yo me encontraba en la gira con el Coronel Olcott, ocurrieron varios fenómenos (tanto en su presencia como en su ausencia) tales como respuestas inmediatas a preguntas escritas por mi Maestro y con su firma, y las cuales fueron presentadas por varios de nuestros Compañeros.

Y estos acontecimientos tuvieron lugar antes de que llegáramos a Lahore, en donde esperábamos encontrarnos con mi Maestro, y allí él me visitó en su cuerpo físico por tres noches consecutivas durante aproximadamente tres horas cada vez, mientras que yo conservé plenamente mi conciencia, e incluso en un caso, yo fui a su encuentro fuera de la casa.

Ahora bien, que yo sepa, no hay ningún caso en los registros espiritistas de un médium que permanezca perfectamente consciente, y que previa cita, haya encontrado al “Espíritu” que lo viene a visitar fuera de la casa, y que lo haya ido a recibir y haya vuelto a entrar dentro de la casa con él, y le haya ofrecido un asiento, y luego que haya mantenido una larga conversación con ese “Espíritu desencarnado”, y en una forma tal que le hubiese dado la impresión que estaba hablando con una persona viva en el plano físico.

Además, a quien yo vi en persona en Lahore era el mismo a quien yo había visto previamente en su forma astral en el Cuartel General de la Sociedad Teosófica, y el mismo a quien yo había visto anteriormente en las visiones que tuve, y también era el mismo a quien yo había visitado por medio de mi cuerpo astral cuando viajé su casa, la cual se encuentra a miles de millas de distancia, con su ayuda y su protección.

Y en esos anteriores casos, con mis poderes psíquicos todavía escasamente desarrollados, siempre lo había visto en una forma bastante borrosa, aunque sus facciones estaban perfectamente definidas y su recuerdo estaba profundamente grabado en la memoria de mi alma. Pero ahora el encuentro que he tenido en Lahore, en Jammu y en otros lugares, la impresión que he tenido ha sido completamente diferente.

Por ejemplo, en los casos anteriores, al hacer Pranam (el saludo) mis manos pasaban a través de su forma, mientras que en estas ocasiones mis manos encontraron ropajes sólidos y un cuerpo de carne y hueso.

Aquí yo vi a un hombre vivo ante mí, con los mismo rasgos, aunque mucho más imponente en su aspecto general y en su porte que el que había visto tan a menudo en el retrato que posee Madame Blavatsky y también en el retrato que posee el Sr. Sinnett.

Y no me extenderé aquí sobre el hecho de que también fue visto en su cuerpo físico por el Coronel Olcott y por el Sr. Brown, y en encuentros por separado, durante dos noches en Lahore, ya que ellos pueden relatar su historia mejor que yo, y mejor detallaré lo que sucedió después.

Nuevamente en la ciudad de Jammu, el Sr. Brown volvió a ver a mi Maestro en la tarde del tercer día de nuestra llegada allí, y de él recibió una carta con su conocida caligrafía.

Y en mi caso, el Maestro me visitó casi todos los días, y casi todos mis compañeros que estuvieron en Jammu saben lo que sucedió a la mañana siguiente cuando tuve la buena fortuna de que se me permitiera visitar un Sagrado Asrum en donde permanecí por unos días en la bendita compañía de varios de los Maestros Transhimaláyicos y sus discípulos.

Allí, no solo me encontré con mi venerable Maestro [Kuthumi] y con el Maestro del Coronel Olcott [Morya], sino también con varios otros miembros de la Fraternidad de los Maestros, incluyendo a uno de los más elevados.

Desafortunadamente, la naturaleza extremadamente personal de mi visita a esas regiones, tres veces benditas, me impide decir más al respecto, pero basta con decir que el lugar que se me permitió visitar está en los Himalayas, y no en ninguna Tierra de Verano imaginaria, y que lo que yo vi ahí fue en mi propio cuerpo físico, y allí encontré a mi Maestro idéntico como lo había visto anteriormente.

Por lo tanto, yo vi a mi venerable Maestro no solo como un hombre vivo, sino también como un hombre joven en comparación con los otros Hombres Santos que había en ese lugar bendecido, y también se mostró mucho más amigable, siendo capaz de hacer comentarios y conversaciones divertidas a veces.

Y es así que en el segundo día de mi llegada, después de la hora de la comida, se me permitió conversar por más de una hora con mi Maestro. Él me preguntó sonriente qué era lo que me hacia mirarlo de manera tan perpleja, a lo cual le respondí preguntándole:

-       "Maestro, ¿Por qué a algunos miembros de la Sociedad Teosófica se les ha metido en la cabeza la idea de que usted es un hombre anciano de más de sesenta años?"

A lo cual él me sonrió afablemente y me dijo que esa idea equivocada se debía a los relatos que había llevado a cabo un cierto Brahmachari (un alumno de un Swami Vedántico de Punjab) que él encontró el año pasado en el Tíbet, y el Brahmachari lo confundió con un Lama anciano, el cual era el jefe de un grupo espiritual, quien lo acompañaba en esa ocasión.

Y luego mi Maestro añadió que las personas que han pretendido verlo por medio de la clarividencia, si ellas tuvieran una verdadera clarividencia, esta no conduciría a tales nociones erróneas; y luego, amablemente me reprendió por darle alguna importancia a la edad de un Maestro, y agregó que las apariencias a menudo son falsas y luego continuó explicándome otros aspectos.

(El relato que dio ese Brahmachari lo pueden leer aquí)

~ * ~

Estos son hechos sólidos y no existe una vía alterna de interpretación para el lector, porque lo que yo afirmo (ya sea que lo consideren como algo verdadero o falso). En el primer caso, ninguna hipótesis espiritista puede sostenerse para explicar lo que yo he experimentado y habrá que admitir que los Hermanos del Himalaya son hombres vivos y no son espíritus incorpóreos ni la creación de fanáticos con una imaginación sobre exaltada, como pretenden nuestros opositores.

Y desde luego estoy plenamente consciente que muchos individuos desacreditarán mi relato; sin embargo yo sólo escribo para el beneficio de aquellos pocos que me conocen lo suficientemente bien, como para no verme como a un “médium alucinado”, ni tampoco atribuirme ningún mal motivo, y que siempre han sido fieles y leales a sus convicciones y a la causa que tan notablemente han abrazado.

No tomo en consideración a la mayoría que se reirán y ridiculizan lo que no tienen ni la inclinación ni la capacidad para comprender. Y si estas cuantas líneas pudiesen ayudar a estimular incluso a alguno de mis colegas y hermanos de la Sociedad Teosófica (o a alguna persona de pensamiento recto fuera de ella) para promover la causa de la Verdad y de la Humanidad, entonces podré considerarme que he cumplido adecuadamente con mi deber.

Adyar, Madras.
7 de diciembre de 1883. »
(The Theosophist, diciembre-enero de 1883-1884, p.61-62)






TESTIMONIO DE WILLIAM TOURNAY BROWN

En su artículo, Damodar menciona que “Nuevamente en la ciudad de Jammu, el Sr. Brown volvió a ver al Maestro Kuthumi en la tarde del tercer día de nuestra llegada allí” y este suceso el propio William Tournay Brown lo mencionó en un folleto titulado “Algunas experiencias que tuve en la India”, en donde él escribió:

« En la ciudad de Jammu tuve otra oportunidad de ver al Mahatma Kuthumi en persona. Una tarde estaba caminando y me dirigí al final de un recinto privado, y allí encontré al Maestro esperando mi llegada. Lo saludé esta vez a la manera europea y me acerqué, sombrero en mano, a unos pocos metros del lugar en el que el Maestro se encontraba de pie. Después de un minuto más o menos, él se retiró y constaté que el sonido de sus pasos sobre la grava era notablemente audible. »
(Some Experiences in India, London Lodge of the Theosophical Society)

(Nota: el original de este folleto en la actualidad es extremadamente raro y fue publicado en 1884 por el Dr. Franz Hartmann y Richard Harte, en Londres, bajo la autoridad del Logia Teosófica de Londres, y posteriormente fue retranscrito en la revista The Canadian Theosophist, Toronto, vol. XXVIII, No.4, del 15 de junio de 1947, p.117-125.)


Y es gracioso lo que Blavatsky le comentó al Sr. Sinnett al respecto cuando ella se enteró de este doble encuentro:

« No puedo comprender por qué Brown ha sido tan favorecido.
¡Qué rayos habrá hecho él de tan sagrado y de tan bueno!
Todo lo que sé es que esta parece ser la segunda visita que Kuthumi le hace personalmente. »
(Cartas de H.P. Blavatsky a A.P. Sinett, p.105)

Y seguramente este privilegio se debió a que el Sr. Brown tenía un karma muy bueno a su favor, probablemente generado en sus vidas pasadas. Desafortunadamente el Sr. Brown no supo aprovechar la oportunidad que se le dio, ya que para avanzar por el sendero iniciático no es suficiente con hacer el bien, sino que también hay que desarrollar cierto temple, carácter, discernimiento y mucha tenacidad.

Y la prueba es que a pesar de que fue plenamente advertido de las dificultades del camino que deseaba emprender, en enero de 1884, el joven Brown tomó apresuradamente la resolución de presentarse a probación para volverse un discípulo, y al igual que muchos otros postulantes, falló.

Y sobre este asunto, el Coronel Olcott comentó que:

« Él era un sentimentalista emocional, totalmente inepto para la vida practica en el mundo. El joven Brown había andado “picando” aquí y allá antes de venir con nosotros, y ha seguido haciendo esto desde entonces y de la misma manera. La última noticia que tuvimos de él, fue que se convirtió al catolicismo [supongo que inicialmente era protestante por su origen escocés], tomando la sotana y llevándola solamente por unos días, para convertirse de nuevo después en laico. »
(Old Diary Leaves III, capítulo 23)

En cambio Damodar si logró tener existo en sus pruebas iniciáticas como lo detallo en la biografía que he escrito sobre él (ver link).






TESTIMONIO DEL CORONEL OLCOTT


El Coronel Olcott no tuvo otro encuentro con el Maestro Kuthumi en la ciudad de Jammu, pero sí atestiguó de la desaparición de Damodar por unos días, y esto el Coronel lo relató en su obra “Las Viejas Hojas de un Diario” en donde mencionó lo siguiente sobre ese tema:

« Damodar había desaparecido, y no dejó rastros detrás de él como una pista para mostrarme hacia dónde se había ido o cuándo regresaría. Rápidamente atravesé las cuatro habitaciones comunicantes, pero estas estaban vacías debido a que mis otros compañeros se habían ido al río a bañarse.

Desde la ventana de Damodar llamé a un criado, y supe por él que Damodar había dejado el búngalo al amanecer y se había ido solo sin dejar ningún mensaje.

No sabiendo exactamente qué pensar, volví a mi habitación y encontré sobre la mesa una nota enviada por un Maestro, en donde me pedía que no me preocupara por el muchacho, ya que este se encontraba bajo su protección, pero sin darme ninguna pista sobre su regreso.

Y hay que precisar que me había tomado más o menos un minuto hacer el circuito de las cuatro salas comunicadas entre puertas abiertas, y aún así no escuché pasos de ningún mensajero, lo que habría fácilmente percibido debido a que el piso estaba compuesto de grava.

Además que una persona apenas podría haber entrado en mi habitación entre el momento en que salí y volví a regresar, sin embargo ahí estaba esa nota misteriosa sobre mi mesa, con la característica escritura del Maestro Kuthumi y como usualmente sucedía, dentro de un sobre chino.

Mi primer instinto fue tomar el equipaje de Damodar, su baúl y su ropa de cama, y guardarlo debajo de mi propio catre. Y luego envié un telegrama a Blavatsky para narrarle sobre la desaparición de Damodar y de que no tenía idea de cuando regresaría (si es que regresaba).

Cuando mis compañeros volvieron, les comenté lo sucedido y ellos estaban tan emocionados como yo por el incidente, y dedicamos mucho tiempo en especulaciones y conjeturas sobre su posible secuela.

Fui dos veces al Palacio del Maharajá ese día y me encontré cada vez más bienvenido por su Alteza. Él me mostró todas las cortesías y discutió la filosofía Vedanta con evidente interés, y me dio una invitación urgente para que lo acompañara la próxima vez que fuera a Srinagar, su capital de Cachemira.

Posteriormente y justo cuando la noche se acercaba y yo me encontraba sentado solo escribiendo en nuestro búngalo (ya que los otros se habían ido a montar a caballo), oí un ruido en la gravilla y al mirar a mi alrededor, vi a un peón de Cachemira que me traía un telégrafo.

Y al abrirlo, descubrí que era un mensaje que Blavatsky me había enviado en respuesta al telégrafo que yo le había mandado previamente. Ella dijo que un Maestro le había dicho que Damodar regresaría y que no debía dejar que ningún tercero tocara su equipaje, especialmente su ropa de cama. Y eso fue extraño porque fue exactamente lo que yo había hecho anteriormente.

Y es que es bastante curioso que ella, quien se encontraba en Madrás, o sea a más de 2’000 millas de distancia, me dijera que hiciera exactamente lo que había sido mi primer impulso al descubrir la partida del muchacho.

¿Fue telepatía a larga distancia?

No lo se, pero había algo más extraño aún por venir, y es que después de abrir y leer el telegrama (lo cual me había tomado menos de un minuto), el peón ya no estaba, y este no había tenido el tiempo suficiente para cruzar el pasillo al interior del complejo, pero aún así había desaparecido como un relámpago.

Corrí hacia la puerta y miré hacia el otro lado en donde además no había árboles o arbustos que sirvieran de escondite, pero no había nada a la vista. El peón había desaparecido como si el suelo se lo hubiera tragado, por lo que consideré que la forma del peón no era real sino una ilusión, y que pertenecía a la Hermandad de los Maestros.

Y eso yo lo presentí y podría casi asegurarlo debido a una cierta perturbación psíquica causada en mí por el acercamiento de uno de esos personajes. Y de hecho, pude identificar en esa ocasión la vibración peculiar creada por la corriente hipnótica de mi propio Maestro [Morya], y quien también es el Maestro de Blavatsky.

Me han preguntado, al contar esta historia, cómo se efectúa la transferencia del envío del peón real al simulado, y el asunto es muy simple, siempre que se considere la realidad del poder hipnótico. Y me refiero al hipnotismo perfeccionado del Oriente, y no al hipnotismo rudimentario que han llegado hasta ahora a las Escuelas de Ocultismo del Occidente.

En resumen, el Adepto se encuentra con el peón, y por fuerza de voluntad impide que él lo vea y le hace perder el conocimiento. Lo lleva a cualquier lugar conveniente para esconderse y lo deja allí dormido. Y luego el Adepto pone la apariencia ilusoria del hombre sobre sus propias características y persona; me trae el telegrama, toma mi recibo, saluda y se retira.

Y al momento siguiente, la emoción nerviosa causada en mí por su magnetismo simpático que reacciona con mi ser, le advierte que estoy alerta y que naturalmente iré a la puerta, por lo que inhibe mi vista para evitar que lo vea.

Luego el Adepto vuelve al Peón dormido, pone el recibo en su mano y le programa para que recuerde, como si le hubiera sucedido a él mismo, el breve episodio de nuestro encuentro, lo despierta, inhibe su vista, y lo envía de vuelta a la oficina de telégrafos.

Entonces, como lo pueden constatar, es una secuencia de eventos muy simple y fácilmente comprensible para todos los hipnotizadores avanzados.
_ _ _

Fue el 25 de noviembre, a la luz del día, que Damodar nos dejó, y regresó en la noche del 27, después de una ausencia de unas sesenta horas,

¡Pero cómo cambió!

Se fue siendo un jovencito pálido y de aspecto delicado, de estudiante, frágil, tímido, respetuoso; y regresó con su rostro aceitunado bronceado en varias tonalidades más oscuras, más robusto, duro, enérgico, audaz y lleno de energía.

¡Apenas podíamos darnos cuenta de que era la misma persona!

Él había estado en el retiro del Maestro (ashram), sometiéndose a cierto entrenamiento. Y me trajo un mensaje de otro Maestro, bien conocido por mí, y para demostrarme su autenticidad, me susurró al oído cierta contraseña acordada mediante la cual me autentificaron los mensajes de la Logia y que sigue siendo válida. »
(Old Diary Leaves III, capítulo 5)






TESTIMONIO DE BLAVASTKY


Y todo este asunto, Blavatsky se lo comentó al Sr. Sinnett en una carta que le escribió y que a continuación transcribo la parte donde habla sobre este tema:

« Adyar, 26 de noviembre de 1883.

Bueno, hay noticias de nuevo. Anteayer recibí un telegrama de Olcott enviado desde Jammu en donde me decía: "Los Maestros se han llevado a Damodar."

¡Y actualmente Damodar se encuentra desaparecido!

Y esa noticia me preocupó pero también me extrañó mucho porque a penas Damodar lleva cuatro años siendo discípulo.

¡Y los Maestros ya lo invitaron a conocer su Ashram!

Te envío los dos telegramas que recibí, uno es de Olcott y el otro es de Brown. Y también con Brown estoy muy desconcertada debido a que:

¿Por qué Brown ha sido tan favorecido?

Eso es lo que no puedo entender. Él puede ser un buen hombre, pero ¡qué rayos pudo haber hecho de tan santo y de tan bueno para recibir ese trato tan especial!

Todo lo que sé es que parece ser la segunda visita que Kuthumi le hace personalmente a él. Y él está actualmente siendo esperado aquí o en el vecindario por dos discípulos que han venido de Mysore para encontrarse con él. Él irá a algún lado con los budistas de la Iglesia del Sur. ¿Lo veremos? No lo sé. Pero hay una conmoción aquí entre los discípulos.

Bueno, cosas extrañas están ocurriendo. Terremotos y sol azul y verde, Damodar se alejó y el Maestro Kuthumi se acercó. Y ahora, ¿qué haremos en la oficina sin Damodar?

¡Oh dioses y poderes del cielo y del infierno, como si no tuviéramos ya suficientes trabajos y problemas!

Bien, que se haga según su voluntad [la de los Maestros] y no la mía. »
(Cartas de H.P. Blavatsky a A.P. Sinett, Carta N°30)